Discurso de mi candidato ideal

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Queridos compatriotas:

Me dirijo a ustedes de esta manera (compatriotas) porque estoy convencido de que lo que nos une es la pertenencia a esta patria, más que el color de nuestra piel, nuestro origen étnico o la región en que vivimos, aspectos estos que en los últimos años fueron utilizados sobre todo para separarnos, para pretender enfrentarnos.

Compatriotas, seré breve. Como candidato, ofrezco poco, pero creo que lo poco que ofrezco es lo que más necesita nuestro país en este momento.

Mi oferta básica puede resumirse en los siguientes puntos:

  • Restauración de la independencia de poderes, y fortalecimiento de la institucionalidad en el país.
  • Respeto a la libertad plena de expresión.
  • Respeto a los Derechos Humanos.
  • Respeto a la pluralidad de opiniones.

Como podrán apreciar, esta oferta no hace más que rescatar los principios democráticos básicos. Por otra parte, creo también de suma importancia asumir los siguientes dos compromisos:

  • Respeto al empleado público, no obligándolo a inscribirse a ningún partido, y prohibiendo que haga campaña por ninguno en horas de trabajo (fuera de ellas, podrá manifestar su apoyo a cualquiera). Como lógico y necesario complemento a esta medida, no se contratará a nadie que no esté capacitado para ejercer el cargo para el que fue contratado.
  • Ampliación racional del universo tributario, en lugar de aumentar la presión impositiva al hasta hoy reducido sector formal.

Como lo había anticipado, lo ofrecido es poco, pero es lo mínimo que debería ofrecer cualquier candidato. Si no se pretende respetar estos principios democráticos básicos, nadie debería ni siquiera osar presentar una candidatura presidencial, ni el pueblo debería permitirlo.

Así es, el rol de todos ustedes como votantes, como pueblo, no debe limitarse a emitir un voto. La democracia es demasiado valiosa (y aún frágil, como resulta hoy evidente) para creer que el voto es lo único que el país nos pide. Se debe exigir a quien resulte elegido presidente que respete esos principios, y luego, que respete su oferta electoral, la cual deberá haber sido antes debatida con el resto de los candidatos.

Si como país logramos que los principios elementales de la democracia sean exigidos como el mínimo aceptable a todos los candidatos, creo sinceramente que ya no importará tanto si éstos se declaran de izquierda o derecha, que sean originarios o mestizos, orientales u occidentales, jóvenes o viejos, hombres o mujeres.

Ya es tiempo de que los bolivianos dejemos de creer en salvadores, en iluminados que garanticen el progreso de Bolivia. El avance de un país requiere del concurso de todos sus habitantes. Cada quien deberá cumplir con lo que le toca, y así podrá exigir lo mismo a quienes lo presidan.

El restablecimiento pleno de la democracia necesita que se vuelva a sus elementos primordiales. En este momento no parece lógico barajar nombres, ni siquiera discutir planes de gobierno. El siguiente presidente podrá tener uno u otro nombre, podrá proponer uno u otro tipo de programa político, social y/o económico, lo cual es ciertamente importante, pero en este momento de la historia del país, lo realmente urgente es volver a instaurar el respeto pleno a los principios democráticos básicos.

Sin democracia no es aceptable discutir planes económicos. No puede haber debate sin libertad de expresión. Es imposible pensar en elecciones transparentes sin independencia de poderes. Tener candidatos idóneos es ilusorio si hay perseguidos políticos.

¿Cuánto tiempo tomaría reinstaurar la democracia plena? No lo sé. Para hablar de períodos exactos, digamos que un año. Pues bien, para ser coherente con lo dicho, ofrezco mi mayor esfuerzo ─en caso de que me honren con su voto─ para en el curso de un año cumplir con los puntos arriba expresados. Al cabo de ese tiempo, renunciaré al cargo de presidente del Estado, convocando a unas nuevas elecciones, con la garantía de que serán controladas por un poder electoral independiente, y con todos los partidos respetando las reglas del juego. Entonces sí, deberán escuchar y evaluar propuestas de programas de gobierno, medidas económicas, proyectos a ejecutarse, etc., pero solamente luego de la promesa formal de los candidatos de respetar las reglas democráticas.

No terminaré este discurso con una arenga, ni pidiendo que griten conmigo viva Bolivia, menos aun esperando su aplauso. Quisiera más bien, pedirles su compromiso total para hacer de esta exigencia recién expresada la base para cualquier candidato y para cualquier propuesta, desde hoy y para siempre. Es imprescindible que así sea. Bolivia lo necesita.

Muchas gracias.