El 28 de diciembre de 1922, en Nueva York, nació Stanley Martin Lieber, el joven que el mundo conocería como Stan Lee. En una época marcada por crisis y guerras, aquel niño que soñaba con palabras y viñetas que acabarían transformando la cultura popular. Desde su primer relato en blanco y negro hasta el estallido de color en la pantalla gigante, Stan Lee no solo creó superhéroes: creó espejos de la humanidad, símbolos de esperanza y un legado inmortal que aún hoy, en cada lector y espectador, sigue latiendo con fuerza.
Jorge Larrea Mendieta

El 28 de diciembre de 1922, en Nueva York, nació Stanley Martin Lieber, el joven que el mundo conocería como Stan Lee. En una época marcada por crisis y guerras, aquel niño que soñaba con palabras y viñetas acabaría transformando la cultura popular. Desde su primer relato en blanco y negro hasta el estallido de color en la pantalla gigante, Stan Lee no solo creó superhéroes: creó espejos de la humanidad, símbolos de esperanza y un legado inmortal que aún hoy palpita en cada lector y espectador.
Su primer trabajo publicado llegó en mayo de 1941, en Captain America Comics #3, con una breve historia titulada Captain America Foils the Traitor’s Revenge. Tenía apenas 19 años y firmó con el seudónimo “Stan Lee” porque no quería usar su nombre real en lo que entonces se consideraba literatura menor. Ese gesto, casi casual, dio origen al nombre que se convertiría en leyenda.
“I used to be embarrassed because I was just a comic-book writer while other people were building bridges or going into medical careers. And then I began to realize: entertainment is one of the most important things in people’s lives.” “Solía sentirme avergonzado porque solo era un escritor de cómics, mientras otras personas construían puentes o se dedicaban a carreras médicas. Y entonces comencé a darme cuenta: el entretenimiento es una de las cosas más importantes en la vida de las personas.” — Stan Lee
La revolución de los héroes imperfectos
La década de 1960 fue el punto de quiebre. Junto a artistas como Jack Kirby y Steve Ditko, Stan Lee dio vida a personajes que rompieron con el molde clásico del héroe perfecto. Spider-Man apareció en 1962 como un adolescente común, Peter Parker, que sufría problemas económicos, pérdidas familiares y dudas existenciales. Su célebre lema, “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, trascendió las viñetas y se convirtió en principio ético universal.
Los Cuatro Fantásticos, creados en 1961, fueron la primera familia de superhéroes, marcada por conflictos internos y vulnerabilidades que los hacían tan humanos como extraordinarios. Los X-Men, en 1963, reflejaban las tensiones sociales de su tiempo: eran mutantes rechazados, metáfora de la discriminación y la lucha por la inclusión. Hulk, nacido en 1962, encarnaba la furia interior y el miedo a perder el control, mientras que Iron Man, en 1963, representaba el ingenio tecnológico y la fragilidad moral frente al poder. Daredevil, creado en 1964, fue un héroe ciego que demostró que la discapacidad no era un límite, sino una fuente de resiliencia. Y en 1966, Stan Lee presentó a Black Panther, el primer superhéroe negro de la gran industria del cómic, adelantándose a su tiempo y abriendo un camino hacia la representación.

Stan Lee no trabajaba solo. Jack Kirby, Steve Ditko y otros artistas fueron piezas fundamentales en la creación de este universo. Con ellos desarrolló el famoso Método Marvel: Stan entregaba una sinopsis, los dibujantes expandían la historia visualmente, y luego él añadía diálogos y narrativa. Este sistema revolucionó la forma de hacer cómics, dando mayor libertad creativa a los artistas y dinamismo a las historias.
Cada personaje era más que un héroe: era un mito moderno. Stan Lee entendió que los superhéroes debían ser imperfectos, cercanos, capaces de llorar, de equivocarse y de amar. Esa revolución narrativa convirtió a Marvel en un universo vibrante, donde los lectores no solo encontraban acción, sino también un reflejo de sus propias vidas.
“That person who helps others simply because it should or must be done, and because it is the right thing to do, is indeed without a doubt a real superhero.” “Aquella persona que ayuda a otros simplemente porque debe hacerse, y porque es lo correcto, es sin duda un verdadero superhéroe.” — Stan Lee
Del papel a la pantalla gigante
El salto del papel a la pantalla comenzó tímidamente en la televisión. En 1967, Spider-Man tuvo su primera serie animada, con la inolvidable canción que aún resuena en la memoria colectiva. En 1978, Hulk llegó a la televisión en formato live-action, con Bill Bixby y Lou Ferrigno, convirtiéndose en un clásico que mostró cómo un héroe podía funcionar en un entorno realista. Durante las décadas de 1980 y 1990, series animadas como X-Men: The Animated Series y Spider-Man: The Animated Series consolidaron la popularidad de los personajes entre nuevas generaciones, preparando el terreno para lo que vendría después.
El verdadero salto llegó con el cine. En el año 2000, X-Men abrió la puerta a la era moderna de los superhéroes en la pantalla grande. Dos años más tarde, Spider-Man, dirigida por Sam Raimi y protagonizada por Tobey Maguire, se convirtió en un fenómeno mundial, recaudando más de 800 millones de dólares y demostrando que los héroes de Stan Lee podían conquistar el corazón del público global.
Pero el momento decisivo llegó en 2008, con Iron Man. Dirigida por Jon Favreau y con Robert Downey Jr. en el papel principal, la película inauguró el Universo Cinematográfico de Marvel (MCU), un proyecto ambicioso que interconectaba historias y personajes en un mismo universo narrativo.
El éxito fue arrollador. The Avengers (2012) reunió a los héroes principales y superó los 1.500 millones de dólares en taquilla. Black Panther (2018) se convirtió en símbolo cultural, con un elenco mayoritariamente afrodescendiente y una recaudación de más de 1.300 millones. Y Avengers: Endgame (2019) culminó más de una década de historias interconectadas, alcanzando casi 2.800 millones de dólares y convirtiéndose en la película más taquillera de la historia por un tiempo.
“Marvel has always been a reflection of the world outside your window.” “Marvel siempre ha sido un reflejo del mundo fuera de tu ventana.” — Stan Lee
Detrás de todo ese fenómeno estaba la visión de Stan Lee. Aunque ya no escribía cada guion, su espíritu impregnaba cada historia. Sus cameos en las películas se convirtieron en un ritual esperado por los fans, un guiño cómplice que recordaba que él seguía siendo el guardián de ese universo.
Stan Lee falleció en 2018, a los 95 años. Su muerte marcó el cierre de una era, pero su legado sigue vivo. No solo en los cómics que se reeditan, ni en las películas que expanden el MCU, sino en cada niño que sueña con ser héroe. Su obra nos recuerda que la imaginación puede ser un arma contra la desesperanza, que los relatos pueden convertirse en semillas de justicia, y que los héroes no viven en los cielos, sino en nosotros mismos.
“Excelsior!” “¡Excelsior!” — Stan Lee
El tejedor de mitos inmortales
Stan Lee fue más que un escritor de cómics: fue un arquitecto de mitos modernos, un narrador que convirtió la fantasía en espejo de la humanidad. Desde los cómics en blanco y negro hasta el cine a color, desde Spider-Man hasta los Avengers, su legado inmortal nos recuerda que los héroes más grandes son aquellos que, como él, se atreven a soñar.
Su vida es también la historia de la evolución del cómic: de ser considerado entretenimiento menor a convertirse en el corazón de la industria cultural más poderosa del planeta. Su visión transformó a Marvel en un imperio narrativo que hoy sigue expandiéndose, y su voz, siempre entusiasta, sigue resonando en cada lector y espectador.
“I think everybody loves superheroes. And if you don’t, you should.” “Creo que todos aman a los superhéroes. Y si no lo haces, deberías.” — Stan Lee