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Decálogo para la mujer que fui

Viviana Gonzales

  1. Comerás bien y lo que tú creas sin importar lo que te digan acera  de lo orgánico o lo transgénico. No te dejes intimidar con las madres que “solo consumen local”. No les creas ahora. No les creas nunca. Te dirán varias veces que, según algún estudio, si todos consumiéramos local el mundo sería mejor y así el monstruo de lo transgénico no nos devoraría. No les creas. Ellas no saben que hay un mundo afuera poblado por gente que apenas llega a fin de mes, que una lechuga orgánica significa los frijoles de hoy, mañana y una semana.
  2. Creerás en tu mestizaje y tu sangre indígena (muy a pesar de todo). Tus tías te dirán que el antepasado es italiano, el bisabuelo francés, solo escúchalas y luego, olvídalo todo. Verás cómo tus amigas “chulean” a los bebitos güeros con ojos azules. Alguien, inevitablemente, dirá que tu hijo es moreno, aunque no tanto como tú (entiende esto como un halago para él). Escucharás las largas historias de los hijos de europeos que habitan estas tierras. Luego hablarán de igualdad, de tolerancia y de no discriminación. Nunca caigas en sus hipocresías.
  3. Consumirás lo que puedas de acuerdo a tu economía y lo que te guste. No vayas a la última diseñadora de la Condesa que “rescata” el trabajo indígena de Chiapas o Oaxaca. Tú sabes, en el fondo, que eso es explotación laboral. Que allá, en el campo, las indígenas trabajan mal pagadas para que la señora de ciudad abogue por los derechos de los pueblos originarios.
  4. Creerás en el amor romántico. Lo mejor que te habrá pasado en la adolescencia es haberte enamorado, pensar en él, entregarte toda, ¡ah!, pero claro, inevitablemente te romperán el corazón y eso es parte del precio que debes pagar. No adoctrines a otras niñas a no creer en el amor. Déjalas que se entreguen todas, que lloren si tienen que hacerlo, que les rompan en pedazos, que escriban poemas, escuchen canciones, lloren con películas románticas. Que crean en lo que existe.
  5. Te aguantarás, en silencio, las grandes campañas a favor del medio ambiente. Verás alrededor de ti a los salvadores del mundo exigiendo menos plástico, adoctrinando a sus hijos. Al final tú si sabes que la moda que consumen ellos mientras abogan por la naturaleza contamina mucho más que las bolsas de supermercado. Orgullosa dirás “sin popotes por favor” para que una tortuga marina te agradezca en la lejanía. En el fondo sabes que todo se va a la mierda, que eso debe pasar. Que la naturaleza encontrará la forma de regresar…eterna.
  6. Preferirás no entrar en discusiones acerca de la moderna lucha feminista. Las mujeres de hoy deben luchar por igualdad de género, por un trato igualitario (dentro de sus profesiones) entre ellas y los hombres. Tú sabes que esas mismas mujeres son las que pagan un salario miserable a la empleada de la casa, las que nunca suben al metro, las que jamás se sientan a la mesa con la india o la naca que vive en Ecatepec.
  7. No dejarás de leer. Muchas madres te dirán que las vacunas no son lo mejor para tu hijo, que algún estudio ha demostrado la relación entre éstas y el autismo. No les creas. Sabes que la ciencia ha permitido que cientos de enfermedades desaparezcan; que los pueblos necesitan hospitales y médicos; que la mortandad infantil y de la madre han disminuido gracias a la medicina. No les creas. Emborráchate si quieres con ellas, asiente sus afirmaciones y en el fondo, como siempre, mándalas a la mierda.
  8. Aprenderás a buscar lo numinoso en tu cotidianidad. Dejará de estar de moda la religión católica y, por su parte, te hablarán del yoga, los beneficios de la meditación y las plantas medicinales para encontrarte. Solo di que si, son ellas las portadoras de la sabiduría del mundo. La meditación nos salvará, a todos, del éxodo masivo de inmigrantes en Europa; de los centroamericanos que se ahogan cruzando la frontera; de la distribución de la riqueza; del dolor del hombre sin dinero para un tratamiento médico. Medita con ellas, piensa en positivo y todo eso irá desapareciendo.
  9. Nunca digas que lo mejor que te pasó como mujer fue ser madre, a no ser, ¡claro está!, que quieras que dejen de hablarte. Que te tachen de conservadora, de anticuada. Lo mejor, debes decir, es haber logrado una profesión, ser fuerte y valiente, lo de guapa ya no pega en estos tiempos. En silencio y en privado recuerda las tardes de amamantar a tu hijo; de hacerlo caer de la cama (sin querer); de ver tu barriga grande latiendo de vida; de escucharle decirte mamá.
  10. Por muy triste que parezca habrá un momento en tu madurez que dejarás de creer en la Revolución y esto más que un mandamiento es una certeza. La revolución de tu juventud, la idea del pueblo…no hay tal. El pueblo está más ocupado en pertenecer a un grupo social “diferente”; en no ser lo que son. Y los demás están haciendo sus pequeñas revoluciones feministas, medioambientales, orgánicas o cualquiera que el mismo sistema les impone.
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