Yessika María Rengifo Castillo 

Fronteras de violencia

Ayer, recorrimos las frías calles de Bogotá y no hablamos. El silencio nos acompañó durante todo el recorrido por la Candelaria, pero no soporte su silencio; quería saber que le ocurría a ella. Eso no era normal en Catalina, solía contarme lo que ocurría en su casa. Me conto que las fronteras de violencia no se habían ido de casa. Su padrastro José María seguía agrediendo a su mamá y quizás había perdido al hermano que tanto ansiaba. Se iría de casa y empezaría una nueva vida, conmigo o sin mí.  Le recordé que la amaba, pero aún no estaba listo para iniciar una vida juntos. No deseaba repetir unas fronteras de violencia juntos.

Comprendió y seguimos caminando en medio de promesas e ilusiones.

Cantos en el cielo gris

Martina regresó a casa con la ilusión que los síntomas que atormentaban sus ovarios desaparecerían en la mañana. En el transcurso del día presento unos dolores abdominales que le recordaron; meses atrás en los que jugó con José Luis en la cama de su abuela Leonor. Los sudores, los gemidos y las copas de Martini, anunciaron que en ocho meses vendrían los cantos en el cielo gris, arrullando sus ventanas con un rostro de un niño que enternecería su frio corazón.

Vinilos

El último arcoíris trajo el rosa de tus labios a mi ventana que ilumino rayos de sol a mis días de oscuridad. Recordé que tu partida se extendido en los horarios académicos y el trabajo de medio turno, ladrones de tus caricias en noches de incertidumbre. Mi amor permanecía firme, aunque tus llamadas se nublaron, las cartas frías y silencios profundos anunciaron el final a mi corazón. Mis lágrimas no cesaron y comprendí que los vinilos sólo existieron de mi parte, y los tuyos habían muerto.