Critican el “agronegocio”, pero…

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“Ud. debe haber oído hablar de Brasil, que es un gran productor de alimentos, pero ¿sabe realmente cómo funciona la agricultura brasilera?”, así empieza un video mostrando los pormenores del criticado agronegocio en Brasil, algo que tiene que ver con la vida misma (“The Real Brazilian Agribusiness”, Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento, 2020). Escribo esta columna basada en ese video y otros desarrollados en contra de la ignorancia y la impostura.

Brasil, el quinto país más grande del mundo, con la mayor biodiversidad del orbe y rico en recursos naturales, es líder nato en la producción de alimentos de forma amistosa con áreas forestales protegidas, respetando los importantes ecosistemas que posee. Consciente de la responsabilidad que tiene, de que el planeta no padezca hambre y de conservar los recursos naturales, va en la dirección correcta.

Gracias al aumento de productividad, en 40 años su volumen de producción agrícola subió 385% y su área agrícola apenas un 32%, pasando de ser un país importador de alimentos a convertirse en uno de los mayores exportadores del mundo.

Utiliza el 30% de su territorio para la producción agropecuaria, sin tocar el 66% de la vegetación nativa, incluyendo la Amazonía; en realidad, el 84% está protegido y, gracias al incremento de la productividad agrícola que ha podido lograr, rescató 134 millones de hectáreas improductivas, un área mayor que Alemania, Francia, Holanda, Portugal y Bélgica, juntos. Producir de forma sustentable comida segura y de calidad para el mundo, respetando al planeta, es el verdadero agronegocio brasilero.

Brasil tiene un modelo de producción sostenible producto de años de investigación, innovación y políticas públicas coherentes -como la agrobiotecnología que ayuda a producir más y mejores alimentos en la misma área de siembra- y un Plan Nacional para bajar la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) en la agricultura, garantizando inversiones para el desarrollo de técnicas de siembra en tierras de baja productividad, con lo que en diez años recuperó más de 50 millones de hectáreas, consideradas hoy, económica, social y ambientalmente sustentables.

Otro ejemplo: la mayoría de su ganado se alimenta de pasto, así que la ganadería brasilera integró sistemas de “cultivo-ganadería-bosque” para bajar la emisión de GEI.

Brasil tiene, además, una de las leyes ambientales más estrictas del mundo: los productores deben resguardar del 20% al 80% de su tierra dependiendo de la región. Con ello las áreas de preservación permanente en los lugares de producción representan el 25% de todas las zonas de preservación. Investigación, más innovación y políticas públicas para brindar alimentos seguros y de buena calidad para el mundo de forma sustentable, es el real agronegocio brasilero.

El Ministerio de Agricultura simplificó las normas y procesos, y se desburocratizó para hacer más competitivo internacionalmente al productor del agro. ¿El resultado?

Más del 40% de las exportaciones brasileras son agropecuarias y agroindustriales, generando más de 18 millones de empleos en el campo, trabajando todos con altísima tecnología, empleando defensivos agrícolas para proteger las plantaciones del ataque de plagas, mantener la productividad, evitar pérdidas y garantizar cada día alimentos sanos para el consumo en el país y para millones de bocas en el mundo. Pregunto: ¿Le parece mal, el agronegocio brasilero?

Haciendo un paralelo con una reciente competencia mundial, éste sería el medallero 2021 de las Olimpiadas del Agro (instagram.com/p/CSMihvFAiFt/, fuente USDA):

Medalla de oro para Brasil en la producción de soya, maíz, azúcar, carne de pollo, café y jugo de naranja; medalla de plata en carne bovina.

Medalla de oro para Brasil en la exportación de soya, azúcar, carne bovina, carne de pollo, café y jugo de naranja; medalla de plata en maíz.

Así las cosas, estamos ante un verdadero campeón en la producción de alimentos. ¡Que no se resfríe Brasil, porque si lo hace, el mundo estornudará!

Gary Antonio Rodríguez Álvarez es Economista y Magíster en Comercio Internacional