Christian Jiménez Kanahuaty
La transición dentro de la transición se define por tres variables: la capacidad de adaptación del ser humano a un nuevo contexto donde las tecnologías, redes sociales y la Inteligencia Artificial interactúan de forma más constante y profunda con el ser humano. La otra es que los gobiernos han asumido prácticas populistas o neopopulistas para sostener por un lado la democracia y por otro la estructura de dominación económica y jurídica. Y esto ocurre de forma independiente al lugar del espectro político-ideológico en el que se coloque el gobierno antes, durante y después de las elecciones. Finalmente, la transición dentro de la transición es una alta exposición de los seres humanos a mostrarse a través de plataformas de interacción social. Con lo cual, los algoritmos, las empresas, los gobiernos, saben más de las personas que las propias personas saben sobre sí mismos.
Estas tres dimensiones se podrán descomponer en un futuro para establecer alcances, limites, contradicciones y subidas o bajadas en la educación para entender los procesos por los cuales atraviesa la población mundial. En países en crecimiento/subdesarrollados/en vías de desarrollo/periféricos/del Sur Global, esta situación se acentúa aún más dada la poca legislación existente sobre el uso de tecnologías y las manifestaciones que tendrá para la gestión gubernamental, por ejemplo, el gobierno electrónico.
Sin embargo, el conocimiento se convierte en una pieza clave para el desarrollo, superar las desigualdades sociales, confrontar el cambio climático, establecer límites éticos a la tecnología desde el punto de vista de la composición social, racial y sexual del mercado laboral, pero también, se establece desde el presente, el tipo de futuro que se construye desde la incapacidad de hacer converger conocimiento con saber y técnica con empatía.
Si algo ha distinguido al ser humano a lo largo de su historia es su capacidad de adaptabilidad a las crisis, pero eso sucedía cuando las crisis eran identificables y sucedían una detrás de otra. Ahora, las crisis suceden simultáneamente y no son monocausales. Tampoco realmente es que sean estructurales. En su mayoría de los casos son coyunturales: creadas en el presente por el propio ser humano, pero dado que las ha creado, ahora debe convivir con ellas. Las crisis se han redefinido y han adoptado otras formas. Formas que las ciencias sociales, incluidas la filosofía debe empezar a abordar porque los márgenes sociales estarán cada vez más constreñidos en la medida que las crisis se solapen unas a otras. Porque ahora no todo dependerá de la base económica.
Esto no quiere decir que los análisis de clase, o sobre la estructura financiera mundial o la adquisición de poder político por parte de empresas globales, no sea un indicador explicativo que ayude a entender la dinámica del ser humano enfrentado a la riqueza, al uso del conocimiento para ampliar la riqueza y el modo en que los gobiernos terminan siendo formas económicas inferiores a los patrimonios personales de empresarios y fundadores que hoy a nivel global influyen/deciden en el rumbo de inversiones sobre genética, salud, avances científicos, usos de suelos y comunicaciones/información y prácticas de paz y de guerra entre Estados, naciones, pueblos y territorios.
Dado este complejo contexto, hay una manera de establecer cómo actuar y si bien no desmontar la ingeniería financiera ligada a las tecnologías como la Inteligencia Artificial y la creación de contenidos en la Internet sumados a las formas de organización de la subjetividad y el uso del tiempo de las personas luego del horario laboral, tiene que ver con una faceta que debe ser realista, aunque sin duda, esto implica contemplar también un escenario pesimista.
Y esta forma de establecer un modelo de acción está asentado en dos dimensiones preliminares. En principio, fomentar el pensamiento crítico de las personas. Asumir la complejidad como forma de establecer una relación con el mundo. Generar interés, curiosidad por áreas del saber que en principio no tienen relación o nada que ver con la disciplina estudiada. Al hacer este ejercicio de pensar desde la complejidad, lo que se hace es pensar más allá de la contingencia y más allá del principio de realidad inmediato. Es un movimiento adelante en el tiempo, tomando en cuenta los factores intrínsecos a un problema. La salud no es solo salud, es raza, es clase, es economía, manejo de recursos humanos y es gestión empresarial, además de investigación, innovación, comercio e integración regional. Bajo ese prisma, todo lo que desarrolla el ser humano desde su profesión puede ampliarse y girar de eje en su accionar para desmontar prejuicios y visiones absolutas.
Por otro lado, el trabajo en equipo donde las decisiones no estén guiadas por la democracia ni por la efectividad o maximización de recursos. Tampoco basada en la oportunidad o en el beneficio de unos cuentos. Lo que hay que modificar es el paradigma del trabajo en equipo, donde de ahora en más deben primar los argumentos y no las razones. Las razones han sido guiadas siempre por buenas intenciones y toda razón ha sido siempre instrumentalizadas para fortalecer un determinado modo de pensar, actuar, mirar y sentir el mundo. Pero los argumentos pueden cambiar porque están más ligados a la realidad que a la subjetividad. Los argumentos son más objetivos. Se basan en hechos y no en intenciones o percepciones. En ese sentido, los argumentos están más ligados a exposiciones de arte sobre las que vemos una pintura y sólo nos basamos en la composición, en el color y en el trazo. En cambio, las razones, se fundan en lo que sentimos y relacionamos al ver ese mismo cuadro.
Aquí no se trata de una limitación, sino de una adecuación o gradación en nuestra forma de ver un problema para encontrar una solución que sea pertinente en el tiempo y que no sea una solución buena para algunos y mala para los demás. Si bien es complicado plantear un escenario donde se demuestre que hay una solución global, hay que apostar por soluciones a distinta escala y esto es lo que permite el trabajo en equipo, porque cada miembro del grupo aportará desde su saber, experiencia, contingencia, dudas, miedos, aprendizajes y proyectos pasados, presentes y futuros y por lo tanto se podrán ver tendencias y permanencias o reticencias al cambio.
Los proyectos suelen ser deterministas en su aplicación, siguiendo una línea recta de un punto A hacia un punto B, donde A es el principio y B el final, que tiene conclusiones, recomendaciones y pago de honorarios. Sin embargo, ni el pensamiento ni la creatividad funcionan de ese modo. Tampoco las políticas públicas, porque siempre existen los efectos secundarios y los factores imprevistos. Pero para que incluso un factos imprevisto o un efecto secundario ingrese en la ecuación que debe resolver un problema lo que se debe empezar a gestionar es tanto la complejidad como la capacidad de pensar desde los argumentos que demuestran la creatividad para leer la realidad por lo que es, no por lo que fue o se desea que fuese.
Así, el interés que nos presenta la relación conocimiento y transiciones en el poder es una generación de problemas que en el presente se presentan tanto para la construcción de políticas públicas, la gestión de riesgos, el manejo de las desigualdades, las relaciones comerciales y el comercio exterior. Sin dejar de lado la educación tanto primaria, secundaria como de posgrado. Y aunque todas estas áreas están formuladas esquemáticamente, vislumbran un escenario donde el poder político y gubernamental tiene una brecha de ejecución sobre la población que todavía dar un margen de acción para la dominación más directa y sin restricciones o para una emancipación ciudadana capaz ahora sí de construir desde abajo una agenda política que responsa de verdad a sus preocupaciones inherentes como seres humanos.