Cochabamba a la deriva en plena crisis sanitaria

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He derramado lágrimas de impotencia al ver a personas muy cercanas deambular por los centros de salud, seguros sociales y clínicas privadas buscando atención médica. En Cochabamba, el sistema de salud ha colapsado, el cementerio ya no da abasto y tampoco se consiguen medicamentos.

Las familias que viven del día a día ya no toleran las cuarentenas rígidas y los picos de personas infectadas y fallecidas a raíz de la pandemia crecen exponencialmente. Sin embargo, esto no conmueve a dueños de clínicas o empresas farmacéuticas donde los costos están por las nubes. Sí, vivimos días de terror y cada vez es más traumante entrar a nuestras redes sociales y ver como un amigo sufre la pérdida de un ser querido.

Transcurrieron cuatro meses, sin que las autoridades nacionales, departamentales y municipales tomen conciencia de la necesidad de agilizar recursos, ítems y espacios de aislamiento. Este panorama se contrasta con conflictos sociales y vecinos que prácticamente se oponen a todo.

Los políticos no inspiran confianza y su angurria de poder los ha llevado a observar con la menor insensibilidad lo que atraviesan los ciudadanos por falta de acciones concretas para enfrentar la pandemia.

Los cochabambinos necesitamos que se implementen salas de atención para personas contagiadas, que se incrementen las pruebas de coronavirus, que se agilice la producción de medicamentos para evitar la especulación, que nuestras autoridades trabajen y muestren empatía con la gente. Los conflictos preelectorales, los discursos acalorados y las pugnas de poder salen sobrando en un panorama tan desolador como este. Acudan al grito desesperado de la ciudadanía que se hunde cada vez más en el caos.