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César Apaza, una víctima de la legalidad

César Apaza está encarcelado por estar en el lado equivocado de la ley. Y eso, en la Bolivia del MAS, es estar dentro de la ley.

Normalmente, el castigo de la justicia debe recaer sobre quienes actúan fuera de la ley, pero en el mundo esquizofrénico del Socialismo del Siglo 21 –léase Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia– la violencia del Estado se manifiesta en contra de aquellos que sí la cumplen, exigen su acatamiento o protestan por la falta de ella.

Es el mundo al revés.

César Apaza es dirigente cocalero de los Yungas de La Paz, región que por ley puede producir hasta 12.000 hectáreas de hojas de coca. Esta hoja, por su alta calidad, es la que la gente mastica o “acullica”.

La otra, en cambio, la de los sembradores del Chapare –una zona tropical insalubre en Cochabamba–, liderizados y protegidos por el expresidente Evo Morales y actual jefe del partido gobernante, casi en su totalidad va a fines ilegales, al narcotráfico.

Fue el sector cocalero progubernamental que, en septiembre de 2022, quiso “tomar” el mercado legal de la coca y desplazar a los legítimos productores, en cuya defensa acudió el dirigente César Apaza, hecho por el que hoy sufre el martirio al que está sometido: enfermo y condenado sin juicio ni sentencia en la cárcel de más alta seguridad destinada a criminales peligrosos.

Entonces los ilegales actúan bajo la protección del poder. Y, para peor, éste está respaldado mayoritariamente por sectores que igualmente actúan fuera de la ley: contrabandistas, extorsionadores, avasalladores de tierras, etc. Por lo que mientras más grande sea el sector informal o ilegal, más numerosa será la base social que sustenta al régimen actual. Esto lleva al gobierno del MAS a criminalizar crecientemente a un mayor número de actividades y conductas sociales y va arrinconando a las acciones individuales económicas, sociales, culturales, políticas, de beneficencia, etc., al punto que las hacen inviables o antieconómicas… a no ser que quiebren la ley. Y ese es el punto.

Y cuanto más amplia es la esfera del ilícito, de lo ilegal o prohibido, más amplio es el poder de coerción, abuso, extorsión y chantaje al que recurren las autoridades en ejercicio.

En suma, se trata de ir restringiendo, disminuyendo y eliminando los espacios de libertad que requiere la sociedad para desarrollarse, trabajar, producir y descansar, en su vida cotidiana. La economía socialista es el mejor ejemplo de esta jibarización social. Al ser el Estado prácticamente el principal, si no el único actor económico, éste reduce al límite menor el espacio de acción de la iniciativa individual privada.

Paradójicamente, el gobierno está hoy desesperadamente en busca de divisas para respaldar las reservas internacionales, y está compitiendo con el público por comprar dólares en el mercado abierto iniciando una puja ascendente del valor de esa divisa, que obligará a los particulares a ofertar aún un mayor precio del boliviano por el cada vez más escaso dólar.

Y mientras el gobierno se debate en la miseria, las cuentas personales y las de las empresas privadas en el sistema bancario están en niveles muy altos. Impedidos de invertir y limitados en su consumo, esos recursos pudieran terminar ejerciendo una presión extraordinaria sobre el dólar para cubrir su valor, desbancando al gobierno. Las ironías del intervencionismo gubernamental.

Ello pudiera devenir en una restricción a la compra-venta de divisas en el mercado abierto. Al temido control de divisas que, al convertir su comercio en una actividad ilegal, obligará a la ciudadanía a infringir la ley, comprando dólares en el mercado negro. Entonces estaremos todos en la situación de don César Apaza. Castigados por estar en el lado equivocado de la ley, torturados inmisericordemente, enfermos sin acceso a atención médica, con parálisis en medio cuerpo y sin embargo enmanillados a un catre de hospital, debatiéndonos entre la vida y la muerte ante la mirada impávida, cínica, indiferente y cruel de gobernantes, sicarios y corruptos que gobiernan por, para y con los corruptos y transgresores de la ley. A favor de ellos, los que están fuera de la ley. Los ilegales.

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