Cero en conducta

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El bochornoso inicio de clases muestra las consecuencias de la desidia de Arce Catacora, el exministro de Finanzas que durante 14 años (10 de bonanza económica) negó a la educación el presupuesto vital necesario para mejorar la calidad de la enseñanza. Tampoco se puede esperar mucho del actual ministro del ramo, cuya ortografía es tan exótica como su manera de vestir.  

El “plan” educativo del gobierno es no tener plan. Bastó una semana para darnos cuenta de la pobreza de la propuesta semipresencial y virtual. Otro año lectivo perdido: el primero porque la pandemia nos tomó de sorpresa y el segundo por incapacidad. Las clases por televisión son lamentables, plagadas de errores que provocan burlas en las redes virtuales. 

El satélite Tupaj Katari, que hizo lloriquear a García Linera, sirvió para que en todos los rincones del país se viera al “jefazo” jugando fútbol y dando rodillazos, presumiendo el Nº 10 en la camiseta. No sirvió para que en áreas rurales hubiera internet ni para mejorar la inclusión. El gobierno que más dinero tuvo en la historia de Bolivia, fue el que menos asignó a la educación. 

Sin embargo, bastaría que los genios del ministerio aprendan a copiar de otros países. Hagan “chanchullo”, no importa, pero copien bien. Hay buenas experiencias.

Plagien el Plan Ceibal, que pone en manos de cada niño uruguayo una computadora, pero no en las condiciones canallas de Evo Morales, cuyo gobierno distribuyó 220 mil computadoras a un costo de 410 US$ (con foto del “jefazo” como si fuera regalo de su bolsillo), insuficientes para 968 mil estudiantes de secundaria, y no fue capaz de generar contenidos de calidad, ni crear un sistema integral. Hubo denuncias sobre computadoras deshuesadas para vender las partes, ya que su tiempo de vida era muy corto debido a la baja calidad del producto. La empresa Quipus, otro elefante azul del MAS, solo pudo ensamblar 10 mil computadoras en 2019. 

Ahora veamos el Plan Ceibal, que tuve la suerte de visitar. Desde 2017 cubrió a la totalidad de escuelas públicas de Uruguay, a un costo de 100 US$ por computadora (y sin la foto de Tabaré Vásquez).  Se entregó en propiedad una laptop a cada niño y a cada profesor, para que trabajen en sus casas. El plan incluye conectividad gratuita en todas las escuelas, bibliotecas y plazas públicas. El sistema MESH garantiza la conexión en red a través de otras computadoras. 

El Plan Ceibal es más: creación continua de contenidos de calidad diseñados para educación a distancia, capacitación de maestros, sistema de consultas, programas de televisión y un sistema de apoyo técnico y reparaciones gratuitas. La computadora XO es una joya de tecnología educativa, resultado de la creatividad del matemático sudafricano Seymour Papert y de Nicholas Negroponte, científico de origen griego, ambos del MIT. Viene cargada con programas para escribir textos, realizar operaciones de diseño de imágenes y tablas, animaciones interactivas, tomar fotografías, filmar y editar, acceder a autores nacionales en la biblioteca virtual, conocer la geografía de Uruguay, navegar en internet, descargar juegos y música, chatear y enviar mensajes, o crear mapas mentales para el aprendizaje. 

Sólo una visión de largo plazo y una política honesta puede explicar el éxito obtenido en la mejora de la calidad educativa en Uruguay. A diferencia de Bolivia, Uruguay no anda destruyendo bosques ni envenenando ríos con la minería salvaje, pero se ha convertido en pocos años en país exportador de software para todo el mundo. Su principal capital: una educación de calidad. 

En la primaria y secundaria tuve excelentes profesores, cuando educar era una misión. Varios fueron y son amigos: Oscar Rivera Rodas, Pedro Shimose, Carlos Rosso y Carlos Coello, además de Mary Imm y Tony Fantillo (canadienses), que no enseñaban “cosas”, sino a pensar. 

Nuestros mayores estudiaron en prestigiosos colegios fiscales como el Ayacucho, el Bolívar, el Díaz Villamil, el Liceo de Señoritas Venezuela. Si bien era un privilegio estudiar en un colegio privado, el pensamiento educativo en la educación pública tenía destacados maestros y de gran nobleza: Guido Villagómez, Hugo Dávila, Heriberto Guillén, Humberto Quezada, Elodia de Lijerón, Delia Gambarte, Etelvina Villanueva, Félix Eguino Zaballa, Néstor Peñaranda, Ernesto Aliaga y, por supuesto, Avelino Siñani y Elizardo Pérez. 

Hoy, muchos profesores no saben escribir; entraron como remplazos y se anclaron con ítems vitalicios. Cuando a fines del siglo pasado la Reforma Educativa propuso exámenes y cursos de actualización, los maestros hicieron huelgas, para que no se les viera las orejas de burro. El régimen del MAS “abolió” la Reforma y en 14 años se negó a aplicar la prueba PISA, porque pondría en evidencia la baja calidad educativa. La pésima ortografía que muestra en las redes la generación que se educó en ese periodo, es una prueba clara del abandono.
 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta