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Bolivia: ¿El ocaso del estatismo y el despertar liberal?

Miguel Alfonso Ávila

Introducción: Un país en el umbral del cambio

Bolivia se encuentra en el umbral de un cambio de era. Tras casi dos décadas bajo un modelo económico centralista y estatista, que hoy muestra signos inequívocos de agotamiento, el clima social del país ha dado un giro que muchos consideraban impensable. Lo que inició como un ciclo de bonanza basado en el extractivismo ha desembocado en una crisis de gestión que hoy obliga a la ciudadanía a cuestionar las bases mismas del sistema.

El veredicto de las calles y las encuestas es contundente. Datos recientes de la encuestadora Ciesmori revelan que el 68% de la población respalda un rumbo liberal. Este porcentaje no es un simple dato estadístico; es el clamor de una sociedad asfixiada por la escasez de divisas, las filas por combustible y una burocracia que castiga al que produce. El «blindaje económico» se ha quebrado y, en su lugar, surge una demanda pragmática por libertad y eficiencia.

Reformas estructurales: clave para el despertar

Para que este despertar no sea una ilusión pasajera, el país debe encarar con urgencia reformas estructurales postergadas por prejuicios ideológicos:

1. Agroindustria nacional: del oriente al occidente, un proyecto unificado

El motor del Oriente: Apertura de mercados y soberanía productiva

La agroindustria del Oriente boliviano es el ejemplo más claro de resiliencia frente al estatismo. A pesar de los cercos, la inseguridad jurídica sobre la tierra y el acceso restringido a la innovación, este sector es el que sostiene la seguridad alimentaria y la economía nacional. Sin embargo, su potencial está «secuestrado».

Bolivia no puede seguir compitiendo con las manos atadas. Los «cupos de exportación» han sido una camisa de fuerza. Necesitamos una libertad de exportación irrestricta que permita el ingreso natural de divisas. Asimismo, profundizar el apoyo al agro cruceño y beniano no es un favor regionalista, es una estrategia nacional. Esto implica la aprobación inmediata del uso de biotecnología avanzada para mejorar rendimientos y un arancel cero para bienes de capital. Si el Estado garantiza seguridad jurídica frente a los avasallamientos y libera las fuerzas productivas, el Oriente se convertirá en la principal fuente de divisas para estabilizar nuestra moneda.

La quinua: Un tesoro que une al occidente y al departamento de Santa Cruz

La quinua, tradicionalmente ligada a los valles y altiplanos del occidente boliviano, es otro activo estratégico que requiere mayor apoyo estatal. Su reconocimiento mundial como alimento superalimento abre grandes posibilidades de exportación, pero el sector enfrenta desafíos de productividad, acceso a mercados internacionales y tecnologías adecuadas.

Además, en el departamento de Santa Cruz se están desarrollando iniciativas pioneras de cultivo de quinua en nuevas zonas, que podrían ampliar significativamente la producción nacional. Para potenciar este esfuerzo y unificar la cadena productiva del país, es necesario que el Estado brinde incentivos claros: fomento a la investigación adaptativa de variedades, capacitación técnica a pequeños y medianos productores, apoyo a la certificación orgánica y eliminación de barreras para la comercialización tanto nacional como internacional. Este impulso no solo beneficiará a las regiones productoras, sino que consolidará a Bolivia como referente global en el mercado de la quinua.

2. Desmantelar el monopolio energético

El gas se agota y YPFB, bajo el esquema actual, ha demostrado ser incapaz de revertir la curva de producción. La transición hacia una economía de mercado en el sector de hidrocarburos es vital. Esto exige una nueva ley que otorgue seguridad jurídica real a la inversión privada y, fundamentalmente, que se permita la libre importación y comercialización de combustibles.

El Estado debe dejar de ser un administrador de la escasez para convertirse en un regulador técnico. Permitir que el sector privado alivie la carga de los subsidios —que hoy desangran el Tesoro General de la Nación— no es solo una medida económica, es un acto de supervivencia fiscal.

Conclusión: el fin del paternalismo

Estamos ante un país que empieza a mirar el futuro sin la nostalgia del paternalismo estatal. El ciudadano promedio ha comprendido que el progreso no emana de un decreto supremo, sino del esfuerzo individual, el emprendimiento y el respeto irrestricto a la propiedad privada.

El tiempo de las excusas ideológicas se ha agotado. Bolivia no necesita más parches estatales ni retórica de confrontación; necesita aire para respirar y libertad para producir. La sociedad ya ha cruzado el Rubicón: ha dejado atrás la fe ciega en el centralismo.

Ahora, la pregunta no es si el modelo liberal llegará, sino qué líderes tendrán la audacia de conducirlo antes de que la crisis devore los restos de nuestra estabilidad. La puerta a la modernidad está abierta; solo falta que la política deje de bloquear el paso.

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