Maurizio Bagatin

El oriente es el occidente. Bloquean Pailón y desbloquean Colcapirhua.

Hoy aquí es llamado fascista el que quiere deshacerse del totalitarismo – como la tierra que es plana, el Covid-19 que nunca existió y un fraude que se volvió golpe – y a los que habiendo leído a Hannah Arendt se les paran los cuatro cabellos que le han quedado; uno se va mirando alrededor y ve muchos fascistas como él en la faz del planeta, me indica el buen amigo Carlos.

Como explica el teorema de William I Thomas en Los niños en América: problemas conductuales y programas, única construcción exacta en sociología, una cosa no necesita ser verdadera, pero basta que se tenga como tal para que produzca efectos reales. “Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”. Bolivia 1984, hoy.

George Orwell en 1948 anticipó una época. La que fue más allá del 1984 y que fue vislumbrada ya el La rebelión en la granja. Las distopías hechas realidades están aquí, en el silencio y la desaparición de una oposición política partidaria, en la revolución democrática, el proceso de cambio, en todo este derrumbe de eufemismos que van disfrazando oxímorones y un simple cambio de amos.

Este país imposible sigue camuflando sus tragedias en una farsa, y a diario logra recomponerse y seguir adelante. ¿Cómo? Solo trasladando y compartiendo sus ontológicas contradicciones.