Banderazos y mamadas

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Ahora resulta que el presidente Morales, mediante su cuenta en redes sociales, pide una tregua a la oposición, dizque, en nombre de la unidad nacional frente a la demanda marítima boliviana. ¡Qué caradura! Después de haber utilizado el tema de forma grosera y bochornosa, inundándonos de propaganda asquerosamente fascista y patriotera, pretendiendo estigmatizar a todo aquel que se oponga a sus designios.

La táctica no es nueva, ya se vio en los tristemente célebres regímenes fascistas de la vieja Europa, y de otras latitudes. Se trata de explotar al límite causas nacionales, profundamente arraigadas en el pueblo. Erigirse en salvadores de la patria, reivindicadores de los más caros anhelos populares, vengadores de viejas y nuevas afrentas, reales o imaginarias…

Cuando las cosas no van muy bien para el régimen o el caudillo, que al final de cuentas son lo mismo, pues el uno no se explica sin el otro, recurren a la vieja receta maniqueista. Nosotros los buenos, contra ellos, los malos. O estás conmigo, o estás contra mí. Utilizan la propaganda para exacerbar los más elementales instintos de la gente, la intolerancia contra el que piensa diferente, el nacionalismo chauvinista, el regionalismo secante y hasta el racismo estúpido

Lo triste es que mucha gente, en su inocencia, se traga estas mentiras. Otros, cínicamente, se aprovechan de ellas. Pero no todo está perdido, existe muchísima gente sensata que ya no se traga el cuento de los “salvadores de la patria”. Las cosas se han puesto realmente feas para el caudillo y sus secuaces, y ellos lo saben, están nerviosos. Solo así se explica le desmesura de sus re-acciones, el abuso permanente del aparato del estado y sus funcionarios y el despilfarro de dinero público en una odiosa ofensiva propagandística.

El banderazo ya paso, los alegatos en La Haya, que seguramente serán transmitidos en cadena nacional, también pasaran, y no habrán cambiado un ápice la situación política que impera en el país. Por un lado, la pandilla de corruptos azules y su jefazo, queriendo prorrogarse y eternizarse en el poder. Por el otro, la ciudadanía organizada, luchando por recuperar la democracia que tanto sufrimiento le costo