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Allan de Abreu y la ruta de la cocaína

Márcia Batista Ramos

Allan de Abreu es periodista de la revista Piauí, en Rio de Janeiro, Brasil. Especializado en periodismo de investigación y cobertura de temas relacionados al narcotráfico y al crimen organizado. Posee maestría en teoría de la literatura por la Universidad Estadual Paulista (Unesp).

Es autor de dos libros-reportajes: “Cocaína: a rota caipira” y “O delator”, ambos publicados por la editora Record; es coautor del libro “Corrupción: aspectos sociológicos, criminológicos e jurídicos” editora Juspodivm, Brasil.

Durante cuatro años, el periodista Allan de Abreu entrevistó a policías, jueces, fiscales, traficantes y cocaleros en Brasil, Paraguay y Bolivia, reunió miles de documentos y como resultado presentó en el 2017, “Cocaína: a Rota Caipira”, un libro con más de 800 páginas de periodismo de investigación donde el autor describe la historia del narcotráfico en el principal corredor de importación de drogas de Brasil.

El libro narra ricamente, con lujo de detalles, el avance de la organización criminal encargada del narcotráfico en Brasil.

Habla de puntos estratégicos en la ruta del narcotráfico internacional, por el interior de São Paulo y Minas Gerais, que son los estados de Brasil que están en el camino entre los países productores de la droga – Colombia, Bolivia y Perú – por un lado, y los grandes centros de consumo – São Paulo y Rio de Janeiro – por otro lado.

Es por la “rota caipira”, como fue bautizada la ruta, que se mide la pulsación de compra y venda de cocaína en Brasil.

En el libro, no hay omisiones de nombres importantes (excepto aquellos en riesgo), ya sean delincuentes comunes o aquellos que llevan una insignia de policía o que refiere a un magistrado.

Allan de Abreu, en su crónica periodística, narra la ascensión y la caída de los barones de la cocaína. Muestra, a lo largo de su narrativa, la creatividad en el arte de despistar a la policía, que poseen los traficantes; también relata el drama de la gente pobre que sirve de «mula» a servicio del narcotráfico.

Porque al margen de causar sensación, por el morbo que ese género literario despierta, la literatura narco sirve como vehículo de denuncia social, además de ser registro de una época.

El autor, rescata el lado humano, el sufrimiento de las personas más pobres que arriesgan lo único que poseen, su propia vida, en el intento de no sucumbir en la miseria desastrosa, en un planeta marcado por las desigualdades económicas y sociales, propias de la región.

Allan de Abreu, también narra la organización empresarial de grandes grupos criminales, porque en todo Latinoamérica el narcotráfico rebasó a otros ámbitos sociales y económicos inmiscuyéndose en los medios de producción, así mismo, en el aparato estatal, colocando los Estados a su servicio, por los niveles de corrupción construidos y fomentados por el tráfico de drogas; además de contar con diversificados e ingeniosos mecanismos de lavado de los millones de dólares que generan.

En el libro hay muchos casos de grandes narcotraficantes que terminan tras las rejas, de hecho, por mucho que Abreu hable de corrupción policial, la impresión que queda de la policía es extremadamente positiva, pero, no es que el encarcelamiento cambie mucho la realidad.

 Lo cierto es que los muros de las prisiones no detienen el poderoso flujo de drogas. Tampoco los que están en una prisión paran de organizar “el negocio”. Los teléfonos celulares y los chips entran a las celdas de las prisiones y desde ahí, los delincuentes siguen operando, comprobando que es un acto de corrupción de los gobiernos el hecho de no cortar la señal telefónica en las prisiones en todos los países latinoamericanos. Y un teléfono es todo lo que un gran distribuidor necesita para mantener su negocio vigente desde el encierro. Sin el control de la señal de los teléfonos móviles, los centros penitenciarios difieren poco de los grandes edificios comerciales. Las autoridades saben, no les bloquean la señal telefónica a los delincuentes, porque tienen interés en perpetrar el crimen, porque están corrompidas.

El trabajo del periodista Allan de Abreu es, una de las investigaciones periodísticas más profundas sobre el narcotráfico internacional que se realiza desde este importante corredor de drogas en Brasil y también sobre el avance de la organización PCC en el campo de esta ruta y con sus tentáculos extendidos hasta Bolivia.

Porque no se puede hablar de narcotráfico en Brasil, sin pensar en el tímido país andino que alimenta con droga al gigante caído en la lacra que le consume. Bolivia produce cantidades inmensas de droga que alimenta los mercados internacionales, siendo Brasil su principal consumidor, seguido de Chile y otros países; además Brasil es un país de tránsito de la droga boliviana a Europa.

Además, el narcotráfico es un problema que cada día adquiere mayores proporciones y compromete casi a todas las áreas y actividades del quehacer nacional, nuestro país, como muy pocos en el mundo tiene que afrontar todas las fases del tráfico ilícito de drogas: producción, elaboración, comercialización y el consumo. En el proceso de producción afecta al medio ambiente poniendo en peligro el equilibrio ecológico de regiones naturales de gran importancia para el futuro de nuestro país y del mundo. En la fase de comercialización corrompe autoridades y operadores de justicia. En la fase de consumo destruye vidas y familias, hiriendo de muerte la sociedad en su conjunto.

“Cocaína: a rota caipira”, se desarrolla desde el trópico cochabambino, el Chapare, en Bolivia, hasta el océano Atlántico pasando por el escenario común de las tierras de São Paulo, el «mar interminable de la caña de azúcar» y sus caminos de tierra ocre, todo ese bello paisaje se convierte en el telón de fondo, o en hilo conductor, de las decenas de historias narradas en los 29 capítulos del libro de Allan de Abreu.

Cada capítulo tiene un principio, medio y final. Hablan, en su mayor parte, sobre el ascenso y la caída de los traficantes relacionados de alguna manera con la “ruta caipira”, desde principios de la década de 1990 hasta la guerra actual por el monopolio del narcotráfico en Brasil.

Es imposible medir el volumen de drogas en la ruta entre Bolivia, Paraguay y Brasil.

El periodista Allan de Abreu, explica que la cocaína sale de Bolivia y Perú, pasa por Paraguay y se dirige a Brasil, que, además de ser un mercado de consumo, es un corredor de exportación de drogas hacia Europa. Él dice que Paraguay es un país frágil para enfrentar la corrupción del contrabando.

Allan de Abreu al hacer un arqueo de la ruta que recorre la droga desde Bolivia hacia el océano Atlántico, para seguir hasta Europa, o en otro caso el camino que transita hasta llegar a los mayores centros urbanos de Brasil (Rio de Janeiro y São Paulo), describe los detalles del mundo del crimen organizado en Brasil y en Bolivia, dejando como alegato histórico un espejo para aquél que quiera mirarse.

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