A quien corresponda:

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Cuando ya nadie te nombre, cuando tus altares sean derribados por nuevos hombres, indiferentes a tu efímera gloria. Cuando la luz de la verdad ilumine tu oscuro pasado y tu siniestro presente, cuando los que ahora te bendicen, mañana te maldigan ¿Qué harás compañero? ¿Te refugiaras en tu feudo tropical? ¿Migraras a lejanas playas caribeñas? Quizás quieras seguir el camino de Cristo, lo dudo, te falta la estatura moral y la grandeza de espíritu para ser crucificado. La impostura no merece un final glorioso.

La fortuna en algún momento te abandona y las canalladas se pagan, nadie es impunemente poderoso. Quizás ahora puedas torcer la ley a tu conveniencia, pero recuerda, la justicia no se agota en la ley, y más temprano que tarde se hará justicia. Son muchas las tropelías cometidas, los muertos, las mentiras… Tus amiguetes están muertos o en cana, y si no lo están, pronto lo estarán, ese es el futuro que te espera.

Nuestro país ha transcurrido de una democracia, imperfecta, es cierto, pero democracia al fin, hacia una autocracia. Ahora derivamos hacia una teocracia. Si, unos cuantos malandrines te han endiosado, y tu desmesurado ego ha contribuido grandemente para que suceda aquello. Estos malandrines fungen de cardenales, obispos, sacerdotes. Hasta sacerdotisas tienes, para que no digan que no eres progre. La nueva religión del estado es el culto a tu persona, un culto funesto para cualquier estado.

Como en todo culto, existe también una fanaticada irreflexiva, cada vez más reducida. Mucha gente está despertando del sopor beato al que ha sido inducida por la propaganda y la mentira. Te estas quedando sin fieles, ya muy pocos creen en ídolos con pies de barro y manos manchadas de sangre. Me disculpo, creo que exagero un poco, te atribuyo méritos que no tienes, los grandes dioses, antiguos y modernos, pueden sentirse ofendidos por la comparación.

Tu apenas llegas a diosecillo andino, Ekeko cargado de baratijas, repartidor de dadivas, vendedor de humo. Y no te nombro, porque ya todo el mundo te conoce. Fariseo indolente