A propósito del 22 de enero de 2018

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Es sabido que desde febrero de 2016, la popularidad del presidente Morales y del Movimiento Al Socialismo en general, ha ido en bajada. Los meses previos a este 22 de enero han sido conflictivos y, como pocas veces, Morales ha “torcido” el brazo, aunque esto no compromete el conflicto, digamos, original: su repostulación.

La posesión de dos nuevos ministros -o bien, la ratificación de casi todos-  debería ayudarnos a entender que los meses que vienen, caracterizarán por dos sentidos políticos combinados. El primero, el mito de la “polarización” (dos bandos enfrentados, una nueva “mayoría” que ha superado a un bando) y el de la “ciudadanía empoderada” (distintas intensidades en cualquier conflicto, Comités Cívicos articulados con la ciudadanía, políticos de viejo cuño que aparecen en marchas, etc.). No quiere decir que un sentido es excluyente de otro. La posesión de Alfredo Rada, ex viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, como Ministro de Presidencia tiene que ver con enfrentar esta coyuntura, de doble filo. Como ya había dicho él mismo, su desafío será “luchar contra la corrupción”, “coordinar con movimientos sociales” y “recuperación de debate democrático para enfrentar las diferentes coyunturas”. En otras palabras, la coyuntura de dos sentidos combinados requiere de mayor cohesión al interior de toda la estructura oficialista: es como si un bloque reunido que debería reunir votos de cara a la elección presidencial, en realidad se atrinchera y lucha, frente a un orden que parece rebasarle muchas veces (nuevo Código Penal, conflicto médico, transportistas, desinformación en redes sociales, etc.).

Ahora, el sentido de “polarización” encuentra su origen ya en la “Media Luna” y se ratifica en la victoria del “Sí” en el Referéndum de 2016. Quiere decir que dos bandos enfrentados se niegan y no negocian, pero tampoco articulan más allá de sus fronteras. Que el MAS participa en bloque frente a la “oligarquía”, o “el imperio”: es una táctica que refleja cohesión, pero no hace más que identificar a un enemigo por combatir. El sentido de “ciudadanía empoderada” revela, por otra parte, que existen múltiples fisuras porque son varios intereses no-articulados (en principio) que luego se reúnen en torno a un concepto: no-repostulación. Es un sentido renovado, si hemos de aceptar que “alguien manipula las cosas por detrás”, o que efectivamente, la ciudadanía está como agotada del gobierno de Morales. En todo caso, digamos que la posesión de Rada es como “aceptar” que existe un “enemigo” que parece potente, pero que no es la oposición, sino que la ciudadanía ha llegado combinar los dos sentidos políticos vigentes. Y, curiosamente, para mantener el orden combinado que desgasta y que enfrenta a dos bandos, ningún político de “viejo cuño” debe atribuirse el protagonismo en las movilizaciones.