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Construir conocimiento desde las barricadas

Christian Jiménez Kanahuaty

Toda formación social implica un proyecto compuesto de identidades desarrolladas a lo largo del tiempo. Implica también diversidad de ideologías que pugnan entre sí y se alternan en el poder. Se hacen del gobierno en distintas etapas de su historia para establecer una estructura de dominación y un principio de futuro.

Sin embargo, lo que se olvida postular es que la sociedad no varia ni cambia tanto de posición en cuanto a sus principios de reproducción. La sociedad es en ocasiones un reflejo del poder político vigente, en otras se comporta en contra de este. Pero lo que siempre queda es su carácter fluctuante entre posiciones conservadoras y radicales. Las radicales apuntan a un cambio de sociedad, las conservadoras, a un cambio en la sociedad.

Poco importa aquí, de momento, la ideología, porque ella presupone un estado alerta por parte de la sociedad, y es que su constancia en la vigilancia sobre los actos gubernamentales ha cambiado con las formas en que la política ha ingresado al mundo de las redes sociales y las plataformas multimedia.

Los medios de comunicación se comportan en distintos momentos de su propia historia también de modo diferente. En principio como difusores de las noticias, como aquellos agentes de cambio que buscan la verdad, porque la verdad es el principio de la democracia y la transparencia el eje sobre el cual se fundan ciertos principios democráticos. Luego, los propios medios defendieron sus principios ideológicos y luego empresariales, porque, como tantas otras cosas, vender noticias también es un negocio que genera ganancias.

Sobre estas ganancias se ha construido un cuadrante de posiciones donde los propietarios de los medios estratifican, clasifican y organizan la información según los lugares a dónde desea llegar. Sus audiencias se segmentan y el mensaje también lo hace a su modo, para lograr efectos concretos, ya sea en el plano de la información o al momento de constitución de una opinión pública que pueda dar su veredicto sobre el estado de situación de un gobierno.

Aquí es cuando la ideología aparece como espacio a través del cual se enfrentan medios y gobierno. No es la ideología lo que atrapa y gesta la identidad de los contendientes, sino que al revés de lo que aparentemente se presenta, son los medios y el gobierno los que moldean sus ideologías según los contextos. Así un medio puede ser amigo o enemigo según el tipo de gobierno que se presente y establece cómo será su relación con la verdad y la transparencia.

En ese sentido es que de nuevo la democracia se postula como el bien que hay que cuidar y profundizar. Ambas fuerzas, medios y gobierno en circunstancias normales se despojarán de su identidad para pensarla en relación a la democracia, pero en contextos de crisis y conflicto político los medios de comunicación y el gobierno dejan de lado la democracia y se querellan alrededor de lo que debería ser un gobierno o cómo deberían de funcionar las finanzas estatales.

Medios y gobierno dejan de buscar la verdad y se encaminan hacia un ideal. El moldeo del ideal les da cierta vigencia porque se vive en el plano de la utopía mediática por algunas semanas o meses, pero eso termina por caer cuando la realidad en las calles contradice el supuesto esquema futuro de realidad que se propone desde distintas plataformas.

El principio sobre el cual las noticias se derrumban no es la falta de datos, sino su contraste con lo que sucede en las calles. Las calles son la expresión de la voluntad y el deseo de la sociedad. Son las calles cuando se llenan de paros y bloqueos los que demuestran la vigencia o la nulidad de un planteamiento.

Entonces, esa desconexión entre sociedad, medios y gobierno genera un estado de confusión que con la expresión y expansión de los medios alternativos de comunicación se profundiza, porque ellos a nombre de cierta independencia también recogen y parcelan la realidad. Estrategias diversas son usadas para entender porcentajes reducidos de lo que es la sociedad. Cada medio captura a una parte de la sociedad, pero juntas no hacen la totalidad.

De este modo el problema es de qué forma se puede conocer lo que la sociedad desea, cuando todo lo que se muestra es fragmentario y episodio y que, al unir las piezas, no forman la totalidad.

El primer acuerdo es dejar de lado la presunción de que se puede alcanzar la totalidad. La totalidad es una abstracción imposible de lograr porque no se contiene en ningún esquema las posibilidades de rompen los espacios particulares. La visión de totalidad no sólo precisa más datos, sino un conocimiento complejo de la historia y todos los datos posibles de reacción en cada escenario político.

Los que organizan el poder lo saben y los medios también. La totalidad es una quimera. Una forma de deseo que alerta el goce en todo momento. Su imposibilidad es lo que le da estatuto de vigencia. Si logrará un medio alcanzar la totalidad, inmediatamente desaparecería. No tendría sentido porque todo estaría dispuesto y sin necesidad de interpretación o búsqueda.

Lo que en este momento pasa en el país, es una búsqueda múltiple por la verdad, por la transparencia, en un intento por defender la democracia y por demostrar que un nuevo gobierno también puede iniciar cambios profundos y rotundos sin desvirtuarla.

Aunque al hacerlo rompe con complejos procesos de construcción de ideas y de visiones de futuro que han sido trabajadas desde hace veinte años. Suplantar un modelo de vida por otro, no ocurre en cuestión de meses, menos aún cuando hay una crisis económica que ha destruido el poder adquisitivo y demuestra escenarios de contradicción política en la gestión de las empresas públicas.

Cuando esto ocurre de manera tan veloz en un gobierno nos está revelando algo que va más allá de un gobierno y coloca a este gobierno sólo como un gobierno de transición, como si fuera el anzuelo que pronto será devorado por la coyuntura y la sociedad en su conjunto. En su tránsito habrá allanado el camino para los que vendrán después y harán los verdaderos cambios sin esperar ningún acuerdo ni recurrir a ninguna consulta.

Los procesos políticos se comportan por fases. Y en esas fases los recambios no suelen quedarse mucho tiempo en el poder. Rápidamente son desplazados porque se entiende su carácter transitorio. Este gobierno empieza a ser un transito entre algo que aparentemente está muerto y algo que se empieza a articular desde abajo.

El conocimiento social de las fuerzas internas de la sociedad se manifiesta en discursos y manifestaciones y bloqueos de organizaciones sociales. Pero sobre todo está presente el conocimiento en la propia gestión del gobierno que no logra hacerse del poder y no cobra una identidad definida frente a todos sus adversarios. El gobierno está sorprendido de su propia presencia en el gobierno aún a más de medio de año de ejercer funciones. Sus planes y proyectos no coordinan con los principios que se postuló en la campaña y no coinciden con las necesidades de la sociedad. Las reformas profundas están pensadas como tapaderas de un malestar general que no tiene que ver con déficit presupuestario o falta de institucionalidad.

El problema de raíz es otro. Un problema que se figura más cuando se observa el comportamiento ciudadano en las calles. El problema se manifiesta en la insatisfacción sobre una propuesta. No existe un modelo comparable que haga frente al que postuló el MAS durante más de veinte años. El proyecto de país que se postula desde el gobierno no representa a la mayoría y tampoco es adecuado con el tiempo histórico. Parecería que el gobierno postula un proyecto de país, para un país que está anclado en los noventa. El país que imagina el gobierno dejó de existir al comienzo del nuevo milenio.

Y lo que no se reconoce por parte de las instituciones y organizaciones sociales es que también ellas han cambiado y el mundo con ellas.

Así que, el resultado es la crisis permanente por la incapacidad de leer el presente en otras coordenadas que no sean las de las viejas épocas de las revueltas de finales de los noventa. Aquí lo que existe es un país que está con un pie en el siglo XXI y otro en el limbo. No se necesita dar dos pasos al frente para caer. Es preciso contraer las ideologías y ajustarlas al modelo de país que se necesita. Por ejemplo, las reformas educativas y sobre hidrocarburos no pueden pensarse sin la complejidad social y sindical que atraviesa ambos ámbitos. Tampoco se puede pensar las reformas sin un diagnostico sobre cómo funcionó el gobierno previo sobre estos ejes. Resultados, avances, retrocesos. Fijar líneas de presupuesto. Medir eficiencia técnica. Cuantificar eficacia en resultados esperados. Cuantificar el gasto y el crecimiento vegetativo, verificar las escalas salariales, organizar un discurso interno sobre la matriz de desarrollo y el tipo de modelo productivo. Generar un Estado es generar condiciones para entender cuáles son los resultados a estas pregunta, pesquisas y datos.

Con estos datos se puede entender un modelo de país hacia el futuro sobre los restos del modelo que se tuvo.

La condición de vigencia de un Estado no es un modelo de continuidad sobre la base de lo existente. O se da continuidad o se rompe con el pasado. Pero, ante todo, al gobierno en este periodo debe estar lo más cercano a lo población, como nunca antes en su historia. Porque las interferencias de los medios distorsionan la información. Y los medios de comunicación por su lado, también deben perfeccionar sus métodos de búsqueda y análisis porque las preguntas deben dejar de ser personales y pasar a ser técnicas.

También los medios de comunicación pueden ser agentes de cambio en tanto entiendan su personalidad y nueva identidad. La de organizar el conocimiento social, ya no sobre manifestaciones o dichos o mensajes confusos, sino sobre datos concretos, porque desde ellos también se debate con el poder y con las organizaciones. Se debe proseguir con la tendencia del periodismo de investigación para hacer un periodismo reflexivo y técnico.

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