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El mes más cruel

Maurizio Bagatin

Otra vez el hombre hacia la luna. Esta vez viajan para ver el lado que “no vieron” Julio Verne y Stanley Kubrick, el lado que musicaron los Pink Floyd, para estudiar el satélite que hizo soñar a Fellini y Méliès. La nave que llevará a los astronautas viajará con tres millones de litros de hidrogeno y oxigeno líquidos, será el combustible para llevar Orión hacia el gran viaje. Mientras en la tierra hay guerras para el petróleo.

“El mundo, mi querido Rhedi, no es en absoluto incorruptible; los cielos mismos no lo son: los astrónomos son testigos oculares de todos sus cambios, que son los efectos absolutamente naturales del movimiento universal de la materia. La tierra está sometida, como los otros planetas, a las leyes del movimiento, sufre en su interior una lucha perpetua entre sus elementos; el mar y la tierra firme parecen eternamente en guerra, y cada instante produce nuevas combinaciones”, escribe Montesquieu en esta joya que son las Cartas persas.

La ultima luna llena se ha llevado la lluvia. Vuelvo a reconocer las estaciones, locas en sus excepcionalidades, cuando de repente externan excursiones térmicas escalofriantes de un dia por otro. En estos días de viaje lunar la memoria nos conducirá a recordar algunas leyes y algunas mentiras: la gravedad de Newton y aquel mentiroso “friendly” que repetía el astronauta la noche del 20 de julio del 1969. Universal es que “más masivos sean los cuerpos y más cercanos se encuentren, se atraerán con mayor fuerza”, y esta “amigabilidad” de la luna era engañosa, ahí no había nadie y de por cierto creo haya sido la más grande delusión del siglo pasado.

Hay una canción de Lucio Dalla, La última luna, en la cual un niño recién nacido toma la luna entre sus manos, ahí está la inocencia, el futuro y el deseo, tal vez la posibilidad de reescribir todo. Un rompecabezas lleno de imágenes que atraviesan el mal, quedándose, pero donde hay una luz. Ahí está la esperanza.

Cuanta poesía ha acariciado la luna. Giacomo Leopardi, dejando vivo el tormento del poeta y la serenidad en su extrema belleza. Al colegio la teníamos que aprender a memoria, recuerdo como danzaba el profesor Aldo Scarpis mientras la recitaba con su cigarrillo encendido en la mano y mirando a un infinito que no era lo del Monte Tabor de Recanati. Parece haber intentado quitar el dolor del presente, el dolor físico y el dolor psicológico. La luna de Ermanno Cavazzoni, los estereotipos de los lunáticos de siempre y este deseo de juntar los dolores: “Al final de la mente, el cuerpo. Pero al final del cuerpo, la mente», decía Paul Valéry.

Escribió Virginia Woolf que “Un día de diciembre de 1910 la naturaleza humana cambió”. Lo escribió delante una exposición de los Impresionistas franceses en Londres. “There is nothing sacred” dijo Hemingway, y así fue el siglo corto, nervioso y sin sacralidad. Por eso creo que la crueldad del abril de Eliot sea universal: “Abril es el mes mas cruel, hace brotar/lilas en tierra muerta, mezcla/ memoria y deseo, remueve/lentas raíces de lluvia primaveral”.

Abril, desde aquí veo el sol volverse invernal, las hojas de los árboles cambiar de color, secarse la tierra y ver en ella algunas grietas, la hormiga que sigue desplazando sus dos estómagos, la cigarra en el molle con su agudo canto que invita una ultima lluvia. Es el inicio de una fantástica metamorfosis, cruel, propio como escribió el poeta. Y nosotros que estamos entrando en el otoño…

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