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Rodrigo Paz Pereira: 100 días de gestión entre ajustes, resistencias y expectativas

“El país depende de su gente, no solo de los políticos”, afirmó Rodrigo Paz Pereira al rendir cuentas de sus primeros 100 días de gobierno. Con esa frase buscó marcar el tono de un mensaje que combinó balance, autocrítica y proyección. El mandatario aseguró que en este tiempo logró estabilizar Bolivia, pese a las dificultades heredadas de lo que describió como “un Estado tranca y con trampas” y a la resistencia de sectores que —según dijo— “no quieren que avancemos”.

Inmediaciones

Los primeros cien días de Rodrigo Paz Pereira al frente del gobierno han estado marcados por decisiones de alto impacto y un discurso que busca diferenciarse de sus antecesores. En un escenario de tensiones políticas y económicas, el mandatario presentó un balance que combina logros iniciales, advertencias contra la corrupción y anuncios de reformas estructurales. Su mensaje no solo repasó medidas ya ejecutadas, como la eliminación de la subvención a los hidrocarburos, sino que también trazó un horizonte de cambios profundos en la institucionalidad, la Policía y las empresas estatales.

El tono del discurso fue claro: Paz se mostró decidido a enfrentar lo que denominó “traidores a la patria”, a quienes responsabilizó de haber bloqueado el desarrollo y lucrado con los recursos públicos. Al mismo tiempo, reivindicó la apertura internacional de Bolivia y la necesidad de construir consensos para sostener las reformas en un contexto de polarización. Con ello, los primeros cien días se convierten en un punto de partida para evaluar no solo las medidas adoptadas, sino también las expectativas y resistencias que acompañan su proyecto político.

Balance inicial: estabilidad y lucha contra la corrupción

El presidente defendió como medida central la eliminación de la subvención a los hidrocarburos, que calificó como una “trampa” que distorsionaba la economía nacional y alimentaba el contrabando y la corrupción. Según sus cálculos, el 40% de esos recursos se perdía en circuitos ilegales. Con esta decisión, sostuvo, se redujo el déficit fiscal, se estabilizó el tipo de cambio y se recuperó la confianza ciudadana. “Bolivia tiene fe, tiene esperanza y Bolivia tendrá mejores días a medida que vayamos dando certidumbre”, afirmó, al asegurar que la percepción de estabilidad ha frenado incluso la intención de migrar de muchos jóvenes.

En paralelo, Paz subrayó que varios responsables de irregularidades ya enfrentan procesos judiciales y están en prisión. Fue en este punto donde habló de los “traidores a la patria”, a quienes acusó de haber bloqueado el desarrollo del país y de haber lucrado con los recursos públicos. “No habrá impunidad para quienes traicionaron al país”, dijo, en referencia a exautoridades vinculadas a hechos de corrupción.

Medidas anunciadas para el futuro

El mandatario adelantó que 2026 será el año para “ordenar la casa”, con reformas estructurales en la Policía, ajustes en más de un centenar de empresas estatales y la aprobación de leyes clave en hidrocarburos, minería e inversiones. También planteó consolidar una nueva institucionalidad que dé certidumbre y credibilidad al país.

En política exterior, subrayó la apertura de Bolivia al mundo, con gestiones para fortalecer relaciones con Mercosur, Panamá, Estados Unidos, la Unión Europea y los países vecinos. “Estamos trabajando para que el mundo venga a Bolivia y nosotros poder ir al mundo”, dijo, en un intento de reposicionar al país en el escenario regional y global.

Aunque el presidente presentó un balance positivo, analistas advierten que los resultados son todavía insuficientes. El economista Jaime Dunn señaló que las medidas iniciales muestran disciplina fiscal y señales de orden, pero aún no generan un impacto sostenido en la economía. El analista político Guido Calcina valoró la apertura de Bolivia a nuevos mercados y la eliminación del subsidio como una decisión responsable, aunque subrayó que debe acompañarse de políticas sociales para mitigar sus efectos.

El economista Gonzalo Chávez fue más crítico: reconoció “victorias tempranas” como la eliminación de subsidios y la estabilización inicial, pero advirtió que la verdadera crisis económica recién comienza. Para él, el desafío del gobierno es avanzar hacia reformas profundas en hidrocarburos, electricidad, inversión pública e institucionalidad, y construir consensos políticos en la Asamblea Legislativa para sostener las medidas en el tiempo.

Reacciones sociales y políticas

Las reacciones sociales han sido diversas. Sectores empresariales respaldaron la disciplina fiscal y la apertura internacional, mientras sindicatos y organizaciones sociales exigieron que las medidas no afecten a los más pobres y que se garantice transparencia en las empresas estatales que continúen operando.

En el plano político, el oficialismo resalta la estabilización y la mejora del riesgo país, mientras la oposición cuestiona la crisis de combustibles, el alza de precios y la falta de leyes económicas aprobadas. Esta división refleja que, si bien el gobierno ha dado pasos iniciales, aún enfrenta un escenario de tensiones y expectativas encontradas.

El presidente destacó la “apertura de Bolivia al mundo” como un logro clave. La participación en el Mercosur, encuentros multilaterales en Panamá y gestiones con Estados Unidos y la Unión Europea buscan reposicionar al país en el escenario regional y global. Para analistas, esta estrategia es fundamental para atraer inversión extranjera y diversificar la economía, aunque advierten que la credibilidad institucional será determinante para que los acuerdos se traduzcan en beneficios concretos.

El propio presidente reconoció que “nos queda un largo camino” y que los próximos meses estarán marcados por reformas estructurales y ajustes institucionales. Su mensaje, aunque optimista, deja claro que el camino hacia la consolidación de su proyecto político apenas comienza y que la tensión entre ajuste y protección social será el eje de la discusión pública. El desafío será construir consensos en la Asamblea Legislativa y sostener las reformas en un contexto de polarización política.

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