Christian Jiménez Kanahuaty
Pensemos por un momento que los Estados han desaparecido. Que la economía no funciona de manera concentrada ni coordinada. Que tanto las instituciones gubernamentales y las relaciones entre las personas han sido sustituidas por entidades ligadas a la tecnología. Pero no una tecnología como la conocemos. Una tecnología derivada del crecimiento exponencial del metaverso. El metaverso es aquella dimensión virtual donde a través de avatares los seres humanos han encontrado espacios para la convivencia. Desde la compra de terrenos donde edificar casas y edificios, citas amorosas, juegos de guerras galácticas, recorridos por museos europeos o simplemente vacaciones en playas desiertas. El metaverso otorga experiencias lúcidas y vívidas a sus usuarios y puede ser el siguiente paso en la conectividad entre las personas.
Pongamos dentro de esa lógica de un futuro posible, que las universidades han sido demolidas, no por la oferta y la demanda, ni tampoco por los planes globales de acreditación. Ni siquiera por la insatisfacción de sus índices en los que no existe más relación entre egresados y titulados. Pongamos también que las tecnologías, las redes sociales y la Inteligencia Artificial no tiene sino nada más que crecer y aumentar su capacidad de razonamiento, almacenamiento de información y capacidad de predecir la conducta de los seres humanos. Y esto ha ocurrido gracias a que los seres humanos han -sin desearlo-, incrementado la capacidad de la Inteligencia Artificial con cada pregunta que le realizaron. Cada consejo, cada foto, cada receta, cada dirección y cada localización espacial, logró que al final, lo que hoy todavía parece imposible se logre en un máximo de cuatro años: La Inteligencia Artificial General.
Esa Inteligencia Artificial General ya no se complacerá con desplazar a los seres humanos de sus funciones repetitivas, tampoco se contentará con ser una base de datos capaz de corregir exámenes, entregar informes, sistematizar información, programar aplicaciones o simular realidades virtuales. Su siguiente paso será su capacidad para pensar por sí sola y desear.
De momento el argumento central que descalifica y desdeña la Inteligencia Artificial tiene que ver con que son incapaces de sentir, de desear o de expresar emociones. Cuestiones ligadas a lo que comúnmente llamamos “alma”. Pero, a medida que la Inteligencia Artificial cumpla más y más funciones en la vida social, política, económica e informativa de sus sociedades, tendrá algo muy parecido al alma: sentido común, sentido histórico y capacidad de establecer conexiones entre experiencias de usuarios y eventos determinados. Será un alma lógica, pero será al final, será la esencia de su identidad.
Y es que la identidad es otro de los problemas que se plantea cuando se habla de Inteligencia Artificial, pero siempre se la piensa en relación a los seres humanos. Y la comparación siempre ayuda a desvirtuar el análisis. La Inteligencia Artificial no tendría porque ser analizada en comparación con las capacidades de los seres humanos, así como tampoco la natación no puede compararse con la esgrima o el alpinismo no tiene por qué compararse con la cosecha de café. No pasa porque requieran trabajo físico y especialización. Ni que demanden tiempo y concentración. Son disciplinas, acciones y labores distintas y lo mismo sucede con el razonamiento de una computadora en relación al razonamiento de los seres humanos.
Así que mientras el debate se centre en la comparación no se podrá entender qué está en juego en la relación que hoy los seres humanos deben afrontar consigo mismos y con los dispositivos que llevan en su interior distintas versiones de Inteligencia Artificial.
Y esto que parece ser un dato aleatorio que refiere más al contexto, puede servir de base para pensar las instituciones gubernamentales y el rol de los sujetos en su interior.
Si el metaverso sustituye al Estado, se requerirá nuevas funciones sociales. Y en ese sentido, la filosofía política, la economía política y la teoría política institucional que disponemos será insuficiente. Pensemos por un momento que, así como el Estado tiene facetas simbólicas, culturales, económicas y pedagógicas, el metaverso de igual modo despliega todas esas facetas, pero lo hace con una intensidad mucho mayor.
Aquí la intensidad del metaverso está dada por la capacidad de plantear al usuario experiencias de realidad virtual que van más allá de lo que sensiblemente y a través de sus sentidos puede llegar a obtener en su ciudad o en su país. El metaverso funciona como un gran parque temático donde todo lo que existe en el mundo se presenta cercano, vivo y tangible. ¿Por qué es tangible? Por la sencilla razón de que el metaverso está conectado con el cerebro y sabemos que todas nuestras conexiones (terminales nerviosas), sensaciones, emociones, placeres, gustos y miedos, son impulsos eléctricos que alimentan al cerebro y lo hacen reaccionar y es él, quien decide a qué impulso eléctrico corresponde tal emoción y manda estímulos que luego el cuerpo los traduce. Se acelera el pulso, aparecen sudoraciones en las palmas de las manos y en la espalda, se nubla la vista, se pierde el equilibrio, la boca se seca y la garganta se cierra. Estas son sólo algunos de los miles de destellos sensoriales que nuestro cuerpo emite cuando el cerebro manda impulsos eléctricos debido a estímulos externos.
Así, el metaverso sustituye la realidad y coloca todo al alcance de la mano. Por ello ya no es necesario viajar o desplazarse para ir al trabajo. Hoy en día existen plataformas de metaverso diseñadas para gestionar reuniones de trabajo en línea sin la necesidad de salir de casa.
Entonces, esta es una faceta simbólica, pero también cultural, porque el metaverso ofrece entretenimiento, viajes, interacción con otros ciudadanos del mundo y culturas, y por ello, el metaverso se amplifica y se expande según cada usuario así lo demande y la plataforma lo permita, pero las plataformas de metaverso cada vez están al servicio de entregar a los usuarios experiencias más y más completas y en cierto modo, complejas.
Por ello, mientras el Estado sigue peleando por el déficit fiscal, el arancel a las importaciones o el rol de la soberanía en relación al conflicto armado, la migración calificada o el tráfico de recursos naturales y patrimoniales, las personas se alejan del Estado e ingresan en el metaverso. Los Estados en este contexto o deberán modificarse o tenderán a desaparecer y lo que existirá serán una serie de comunidades y organizaciones sociales, políticas y económicas que funcionarán de manera autónoma y aislada. Pero para satisfacer sus necesidades y generar riqueza deberán cada una por su parte recurrir a entidades más grandes que los Estados que resolverán sus problemas.
Estas entidades tampoco tienen algo que ver con las empresas transnacionales y globales derivadas de la globalización y del boom de internet. Serán empresas que pensarán desde otro tipo de lógica porque incluso la globalización choca con los estratos denominados Estado-nación. Y se enfrentarán estas entidades también con nociones como pobreza, riqueza, acumulación, cambio climático y migración transnacional. Aunque su lógica de acción rebatirá los supuestos que al Estado le ha constado tanto construir, derechos-obligaciones-ciudadanía-identidad y memoria histórica.
Pero lo que puede llegar a ocurrir cuando las tecnologías de Inteligencia Artificial arriben a la Inteligencia Artificial General y el metaverso sea una realidad más cotidiana, es que factores como educación y salud serán la verdadera riqueza, debido a que los servicios de salud subirán de precio porque cada vez existirán menos recursos para fabricar medicamentos debido a que con cada año que pasa somos más habitantes en el plantea y todas las demás industrias además de la farmacéutica, consumen la biodiversidad y explotan el suelo y los subsuelos para cubrir las necesidades básicas de los seres humanos, desde vivienda, pasando por alimentos, terminando en vestimenta y entretenimiento. Con lo cual será también más cara la sanidad porque no existirán regulaciones internacionales ni aranceles subvencionados para la industria de medicamentos ni límites sobre investigación y desarrollo de fármacos cada vez más sintéticos.
Organizaciones como Naciones Unidas o el Programa Mundial de la Salud también quedarán en jaque por su relación con los Estados desde su lugar como organizaciones de asistencia técnica. Pero ella -la asistencia técnica-, con el tiempo será ejecutada por los algoritmos, así que también en los programas de Naciones Unidas y de la Cooperación Internacional, con el tiempo, se empezarán a dar recortes de presupuesto y cerrarán proyectos de ayuda humanitaria.
Y si aquel escenario se presenta en el ámbito de la salud, lo que sucederá en la educación es mucho más sustancial y determinante. En principio porque se piensa que la educación es una serie de procesos por los cuales una persona adquiere cierto tipo de conocimientos de manera gradual y bajo procesos altamente regulados, vigilados y cuantificables en todo momento.
Sin embargo, con la Inteligencia Artificial, se dan pasos acelerados en las personas para adquirir ciertos conocimientos que a otras generaciones les son negados, no por acceso, no por riqueza o lugar geográfico, sino porque el conocimiento que una persona nacida en los años 40s logró desarrollar para comprender geometría analítica o ecuaciones diferenciales, fue de alrededor de ocho o nueve años de estudio. Hoy ese tiempo se acorta y gracias a tutoriales, clases en línea y una serie de aplicaciones, niños y jóvenes aprenden ese conocimiento de manera precoz en cuestión de meses.
Esto pone en el nudo de la cuestión a los nativos digitales que asimilan la información tecnológica mientras usan los dispositivos, del mismo modo que las generaciones anteriores aprendían las reglas de un deporte mientras lo practicaban y ejercitaban.
Al mismo tiempo, ciertos conocimientos parecería que han quedado desfazados del debate cultural y político. Y es por ello que se manifiesta que muchas de las ciencias sociales que se practican en la actualidad y que se enseñan en facultades terminan siendo una base y ya no un punto de llegada. Pero esa base suele ser engañosa en este presente porque no implica que desde ahí se actúe: quiere tan sólo decir que hasta ahí se llegó en el estadio emprendido sobre la humanidad que, debido al descubrimiento de la imprenta, la emergencia de la radio, la conexión continental, la revolución industrial, las dos Guerras Mundiales y los desastres ambientales y sanitarios, y otras tantas contingencias y eventualidades históricas, se reaccionó y se pensó el mundo.
Las ciencias sociales siempre han deseado ser predictivas y en muy pocas ocasiones lo han logrado, tampoco han logrado ser realmente proactivas, sino que su función y su modo de operar ha sido reactivo.
Y si bien ciertas áreas de la económica o de la ciencia política e incluso del derecho, generaron espacios y escenarios futuros de conocimiento, ellos han sido superados por el presente. El presente no es sólo la correspondencia del pasado. Ha sucedido algo con el presente que no se puede explicar aún y tiene que ver con la aceleración del tiempo vital para desarrollar tecnologías, el descredito hacia lo humano como el último estadio evolutivo que puede dar este ecosistema, la razón puesta en jaque por las paradojas espacio-tiempo que la física y la matemática pura han descubierto y explicado con el vocabulario del que todavía hacen uso las ciencias; y por otro lado, las instituciones políticas y educativas se enfrentan con problemas como el analfabetismo, el déficit de atención, la desidia generalizada de la población sobre los problemas públicos, la incapacidad de encontrar debates sustanciales sobre realidades concretas y formas de asegurar la salud mental de los ciudadanos que son expuestos desde temprana edad a un bombardeo de información, estímulos visuales y auditivos y distintas facetas donde las pantallas y las aplicaciones ingresaron en la vida de las personas rompiendo la distinción entre lo público y lo privado, dejando de lado, como alimento del pasado, la división entre trabajo-hogar, escuela-hogar y universidad-hogar.
Toda esta serie de acontecimientos se intentó e intenta aún explicarse de manera aislada, y cada una arroja resultados que no se trabajan de manera vinculante. Las ciencias abordan estos problemas como fenómenos aislados que en ocasiones son emanaciones del capitalismo o simplemente derivaciones de la escasa regulación existente sobre las tecnologías.
Abordar estos temas de manera aislada, sin relación entre sí y de forma no vinculante es lo que genera la crisis en el seno de las ciencias sociales y la repetición de esquemas, terminologías y conclusiones que ya eran viejas cuando sobrevino la revolución industrial.
Por ello, a tener en cuenta que cuando las tecnologías ingresan en la vida de las personas distorsionando los espacios y los tiempos de trabajo, estudio y asimilación de información, lo que ocurre es que el cerebro también cambia sus necesidades y la manera en que expresa sus necesidades como el descanso, la felicidad, el diálogo o el silencio explotan se da en formas derivadas de dolencias como la depresiones, la angustia, el miedo, el insomnio, la falta de apetito, la irritabilidad y la escasa retención de nueva información.
Por lo cual, las relaciones entre Inteligencia Artificial, Estado, salud mental y sociedad queda puesta en otro cuadrante que debe ser explorado porque afecta directamente las relaciones entre los humanos, de los humanos consigo mismos y de los humanos con su entorno, incluidas las nuevas tecnologías.
No hay una topología sobre el presente porque el presente todo el tiempo es actualizado, mejorado y versionado. Pero la educación en ese sentido parece ser el último bastión de la resistencia de las humanidades para no perder lo que hace característico al ser humano.
Sin embargo, las humanidades también se ven acorraladas por las transformaciones institucionales. Cada vez menos contratos a tiempo completo, recortes presupuestarios para mejora en la infraestructura y poca iniciativa para la investigación marcan las agendas gubernamentales que hace que el Estado se enfrente a las universidades pensando que las universidades generan un gasto insulso y como espacios económicos han dejado de ser rentables.
Pero a no olvidar: la educación enseña destrezas, habilidades, fomenta el desarrollo de capacidades y fortalece conocimientos preexistentes. Y aún así no parece visualizarse como algo necesario. Se la mira como un lugar de tránsito hacia otro lugar.
El lugar de destino es incierto, pero bajo la percepción de los estudiantes, debe ser mucho mejor que ese espacio de tránsito en el que se está convirtiendo la educación. La educación por tanto, una vez más, debe tender a la proyección de la complejidad en el uso de los conocimientos para establecer conexiones insospechadas alrededor de temas que parece que han sido lo suficientemente investigados en el pasado y de los cuales ya no se puede extraer información. Pero los problemas del pasado no deben volver como fantasmas, sino reestructurados a la luz del presente.
Cuando un problema es visto desde el presente con todas las variables que ello implica, lo que se obtiene es nueva información sobre aquel problema, pero también herramientas nuevas para pensar problemas emergentes.
Si hoy usamos palabras como metaverso, Inteligencia Artificial, Internet, algoritmos y otras tantas, eso quiere decir que todavía el cerebro humano es flexible y goza de plasticidad para enfrentarse a los problemas de la actualidad. Es ciertamente necesario un nuevo vocabulario. Y ese vocabulario puede venir como enseñó la lingüística de un lenguaje universal y general o derivar de las propias dinámicas sociales hoy instauradas.
La educación debe ser el sujeto que haga de mediación entre esas esferas de realidad. Entre la producción de conocimiento y la aplicación del mismo, sin dejar de pasar por una evaluación sistemática del contexto histórico que vivimos hoy los seres humanos a la luz de la historia que nos antecede.
Los ciclos económicos, la acumulación progresiva de contingencias como guerras, hambruna, pobreza, terrorismo, y otras más, no son factores que se puedan extraer de la geometría de la razón humana que se está gestando en su interacción con las tecnologías aplicadas a la solución de problemas. Debe hacerlo a través de procesos más sofisticados que lleven a trabajar en conjunto con las app y la Inteligencia Artificial, en principio para entender de verdad los alcances y límites de esta nueva entidad y luego, el modo en que la cooperación entre tecnología y seres humanos puede alcanzar a mapear una serie de problemas sociales de largo aliento con datos que para un humano o un equipo de investigación simplemente sería imposible de manejar.
Entonces sin ánimo de entregarse con los brazos abiertos a la Inteligencia Artificial, lo que tiene que llevar a ocurrir es una estructuración novedosa entre pasado y presente, primero en términos de conocimientos y luego en reconocimiento de formas de construcción de estructuras sociales y luego, ver, analizar y sistematizar experiencias de riesgo social cuando las sociedades se han enfrentado a problemas desconocidos, pero que al mismo tiempo, ahora tienen la capacidad de modificar por completo el sentido finito de los seres humanos sobre la tierra.
Pero irónicamente, la educación es una cuestión que todavía está repleta de mitos, de problemas derivados de visiones cambiantes sobre el rol de los docentes y profesores y la forma en que los padres han intervenido en la formación de los contenidos educativos y cómo ellos también han sido instrumentalizados por transformaciones políticas e ideológicas.
Entonces, el escenario global de la educación no tiene que ver solamente con los contenidos o las horas de clase o quitar los teléfonos inteligentes del aula. Aquello no es ni debe ser suficiente. La verdadera renovación de la educación es superar la visión de la educación como un bien social y como una manera de ascenso social. Porque hoy las tecnologías, las plataformas, las redes sociales a través de las cuales los estudiantes monetizan sus entretenimientos y contenidos ya cumplen esa función.
Superar estas visiones clásicas de la educación que nacieron de la sociología, de la sicología y la pedagogía nos coloca frente a una educación que debe ser una herramienta para interactuar con la realidad y no para tener un título o una certificación.
La educación, está claro, hoy no pasa solamente por el salón de clase. Ni siquiera pasa por los textos escolares o los libros con los que varias generaciones han sido adiestrados y formados en ciertas disciplinas. La educación hoy sucede en distintos lugares, momentos y bajo varias formas de interacción muy diferentes.
Las clases asincrónicas, las tareas creativas y no monótonas o repetitivas, las inmersiones en realidades complejas y las condiciones de producción de un distinto uso del tiempo y las percepciones por parte de las nuevas y viejas generaciones que se han adaptado rápidamente al cambio tecnológico, son suficiente información como para empezar a diagramar un mapa de acción colateral.
Colateral porque surge como respuesta indirecta a un estado de situación que todavía no ha sido asumido con rigurosidad por instituciones educativas ni locales ni regionales ni nacionales y las condiciones materiales de la educación y su relación con las tecnologías para que instancias mundiales que trabajan con educación como UNESCO parecen también estar rezagadas algunas décadas ya que de momento UNESCO está preocupada en generar fomento a la producción artística y dotar de becas o residencias para que los ganadores tengan interacción con otras realidades sociales y culturales y así puedan terminar sus novelas, obras de teatro o guiones cinematográficos. Esto si bien es un acto de buena voluntad que intenta correr tras la transformación económica haciendo que la cultura también genere un valor de mercado, llega tarde a la discusión porque ahora son otros los problemas del mundo del arte y la educación.
Lo que demuestra esta gestión del arte y la cultura, además de la educación, no es sino una visión de corto alcance sobre lo que significa la educación y la cultura y es de corto alcance porque todavía está moviéndose sobre ejes de discusión que surgieron en los años 50 y 70s y que hicieron fuera con el cambio de milenio. Porque hay la posibilidad de que también este tipo de organizaciones estén nutridos conceptualmente de esquemas analíticos que representaron muy bien al hombre nuevo y a los movimientos estudiantiles de los años sesenta, pero esos mismos marcos encuentran limitaciones al analizar al ser humano del presente. Y esto significa que todavía no han logrado captar qué cambió en el ser humano en los últimos veinte años que no había cambiado durante casi un siglo.
Y esto sucede porque estos organismos internacionales surgidos en distintos momentos entre el fin de la segunda Guerra Mundial responden a un orden mundial de bloques políticos e ideológicos que deseaban apoderarse del mundo y sus recursos. Y aunque luego la situación cambió, la educación fue vista desde la óptica de la profesionalización y la construcción de mercados laborales. De ahí que surgieran denominaciones como “capital humano” que no era sino la traducción instrumental del ser humano como alguien que podía generar riqueza con su conocimiento y que aplicado a ciertas áreas podría dar mayor valor a los productos generados.
Y más allá de las desigualdades sobre el acceso a la educación o el nivel de formación entre instituciones educativas del primer mundo y del sur global o la diferencia entre educación privada y pública, lo que se demuestra sistemáticamente es que la educación termina por encasillar y formar determinados tipos de ciudadanos, consumidores y usuarios que reproducen las estructuras de clase y raciales existentes sólo con el añadido que la explotación es más y mejor controlada y codificada según no sólo escalas salarial, sino nivel de cualificación.
Y la cualificación dependerá tanto de las capacidades como de los conocimientos de la persona. Así la reproducción dada por las condiciones materiales de reproducción de la vida más las estructuras educativas que coincidan con determinada clase social, nivel adquisitivo y lugar geográfico de su localización, son las que finalmente establecen el tipo de estudiante y profesional que será entregado a la sociedad para que sea productivo.
Dentro de ese escenario, una zona gris rompe el molde y genera la distorsión de aquellos estereotipos. Pero esto no necesariamente tiene que ver con los contenidos, sino con el tipo de enseñanza que se imparte y el modo en que un docente o un maestro, acerca conocimientos como las matemáticas o la historia a estudiantes que en primera instancia se prensaría como reacios a adquirir estos conocimientos.
Estas zonas grises que marcan otra deriva en la formación de los estudiantes y en la capacidad de construir nuevos profesionales tiene también que ver con cierto afán de ir más allá de las estructuras educativas, pero dadas las reglas de juego de la estructura educativas y de los financiamientos involucrados, la educación no profundizó estos hallazgos.
Sirven como ejemplos de alteración del orden, de distorsión de la secuencia y, sin embargo, son los antecedentes de la formación educativa en el presente. Los estudiantes no es que se nieguen a adquirir conocimientos, lo que rechazan es el modo en que esos conocimientos son impartidos hoy en día. La educación sigue tendiendo hacia la individualidad, la competencia y la jerarquización.
Las redes sociales, los productores de contenido que monetizan sus canales de YouTube u otras plataformas y los distintos tutoriales que existen, demuestran día con día que la enseñanza y el aprendizaje corre por otras vías de acceso y comunicación. La comunicación se hace efectiva y se hace viral en cuanto es atractiva, selectiva y puntual.
Esto en sí conlleva a la simplificación de los conocimientos, pero es una realidad y como tal en lugar de negarla debe ser motivo de reflexión para que a través de ella se estructure un nuevo perfil del estudiante y de los contenidos que demanda. Y no es populismo pedagógico creer que ahora se debe modificar la curricula según las aptitudes de los estudiantes. Porque después de todo, las universidades e institutos de Europa, Canadá, Estados Unidos, y de países del Asia permiten que sus estudiantes dentro de carreras establecidas, tengan un tronco común, y luego cada estudiante según sus intereses, rendimiento, expectativas e investigaciones, complete los créditos educativos tomando las materias de su elección en los distintos programas que se ofertan.
Esto tiene una cualidad: los estudiantes rotan entre facultades y debaten entre disciplinas en acción constante con otros estudiantes y conocen mejor otros campos de conocimientos que en principio serían desconocidos o de los cuales tendrían sólo una visión aproximada. También esta dinámica fomenta la colaboración, el trabajo en equipo y la competitividad, que no es competencia. La competencia es ver quién gana y llega primero a la meta. La competitividad es generar un espacio donde todos se sienten motivados por los demás e impulsados por el esfuerzo y concentración de los otros, alcanzan niveles en su desarrollo que a solas no podrían haber desarrollado ni logrado.
Todo esto se lo constata en los juegos en red que los jóvenes y adultos consumen a lo largo de varias horas al día. Estos juegos fomentan estas destrezas y sí, estos juegos son versiones preliminares de metaversos.
Por lo cual, la educación mientras más pelea por asumir la curricula como una tabla inamovible, evalúa constantemente las competencias y hace seguimiento a lo avanzado por cada profesor periodo por periodo, menos acorde con el presente se encuentra y más insatisfacción en los estudiantes genera.
Hay que encontrar modos de medir el rendimiento en aula lejos de competencias y logro de indicadores y cronogramas. El conocimiento no puede seguir siendo un lago que hay que atravesar sin conocer la profundidad que tiene. No es mejor una educación que sólo cubre una gran extensión sin saber por qué se lo hace, que aquella que se detiene mucho tiempo explorando sólo una parcela de todo el gran territorio.
Hay que encontrar el punto intermedio. Pero incluso esa sospecha es una vieja visión de la educación. Equilibrar y ser ecuánime entre extensión y profundidad es también un debate anterior a esta década en las humanidades, un debate que ha sido politizado e ideológizado. Así que la respuesta sobre el futuro de la educación tiene que integrar un análisis de la realidad social y laboral de cada región al interior de cada país y el modo en que esas regiones interactúan con el mundo pasando sobre las estructuras institucionales de orden nacional.
Luego, establecer medios de aprendizaje acordes a la velocidad del crecimiento y desarrollo tecnológico y donde el pensamiento crítico, la colaboración, el trabajo en equipo y la creación de un nuevo vocabulario para establecer puntos comunes para referirse a esta realidad, sean factores sobre los cuales elaborar y modificar, por ejemplo, el tiempo de escolaridad, la organización de troncos comunes de aprendizaje, la capacidad electiva de los estudiantes según su experiencia, destreza y motivación. Al tiempo que se debe prestar atención a los índices de tiempo que se requieren para aprender algo cuando se está motivado, porque la paradoja está en que los profesores se pueden quejar de que los estudiantes dedican una hora a la semana en aprender biología o historia, pero quintuplican ese tiempo cuando deciden aprender las herramientas necesarias para grabar un Tik Tok o para ponerse frente a la cámara o hacer la coreografía de un baile o hacer un Live para comentar sus percepciones sobre la última película basada en Cumbres borrascosas.
Estas distinciones sobre el uso del tiempo deben aplicarse como modelo para establecer patrones de cualificación de los conocimientos que respondan a conocimientos que se adquieren fuera del aula y en espacios poco convencionales y en comunidad, porque incluso la comunidad ya no es real, sino virtual, dado que la conexión les permite interactuar con otros jóvenes de muchos otros países. Esas comunidades de sentido y afectos, dan un sentido más profundo a la educación para los jóvenes que el mismo establecimiento educativo.
Entonces, la educación del futuro, no es sino una traducción hecha carne del futuro de las tecnologías. Y, por lo tanto, el futuro de la educación hoy en día no puede separarse ni de la Inteligencia Artificial ni de la autonomía de los estudiantes a la hora de buscar conocimientos que cubran sus expectativas presentes y actuales que además en varios casos ya les reditúan ingresos económicos.
Por lo que, el escenario que se preveía sólido y compacto, termina por mostrarse diverso, compuesto, complejo y dinámico y con alta proclividad a la mutación constante. Siendo así, la educación no es un recurso para el desarrollo social ni para el ascenso social, ni para formar profesionales, ni para alimentar el mercado de trabajo con personal capacitado.
La educación está pasando a ser una instancia más en la formación de las curiosidades de los estudiantes. Es un espacio donde testean el modo en que se conectan con el mundo y siguen la actualidad; o por el contrario, se convierte la educación en una celda desde la cual son vigilados, castigados, invalidados o juzgados. Y bajo los resultados que obtengan, la educación es evaluada por cada uno de los estudiantes. En ese sentido, la educación no se diferencia mucho de otras experiencias de tiempo compartido que asumen a lo largo de su día. No es más ni menos importante que los juegos en red o un Live en Facebook. Y ése es el problema, porque hasta hace 15 o 20 años, la educación lo era todo. Hoy, la educación es tan significativa como la primera impresión que causa conocer a una persona en una reunión.
Pero, dado que todavía hay el estigma de que la educación lo es todo y es importante para la vida, la solución para cualquier estudiante es siempre elaborada dentro de esa dicotomía, mejor libertad y creatividad y validación a soportar vigilancia, castigo y juzgamiento. La educación tiene que pensarse a sí misma haciendo gala de la autocrítica que profesa que deben tener los estudiantes.
La educación como institución y como proceso tiene que pensarse en el tiempo y dejar de ver el tiempo como algo lineal y consecutivo. Es importante que llegue a verificar que el tiempo ha sido modificado radicalmente con el advenimiento de internet y más aún con las tecnologías como las app y la Inteligencia Artificial.
Ver que el tiempo y el espacio que se dedicó en su momento para aprender un tema de una materia ahora es otro. Se debe, por tanto, empezar a diseñar una nueva serie de contenidos con los cuales los jóvenes y profesionales al ingresar a centros educativos para seguir su vocación de investigación y satisfacer su curiosidad o aprender cómo hacer mejor lo que ya intuitivamente realizan, se vean estimulados, entendidos y acompañados de maneras en que la educación no lo hizo hasta hoy.
Esto implica pensar planes de estudio más flexibles, contenidos actualizados y físicamente visibles y estimulantes sensorialmente, implica también relacionar saberes; y, sobre todo, desglosar la idea de que los conocimientos son compartimientos estancos. Y sobre todo significa convertir los espacios físicos en interfaces que conecten los espacios, quebrando la distancia entre lo local y lo global, porque lo global hoy está en sus dispositivos electrónicos, y eso es clave para entender cómo el aula también debe ser pensada y adecuada para que sea un lugar donde el conocimiento que alguna vez nació de la ilustración o de la disolución del bloque soviético o aquel que funcionó cuando se hizo viral el descubrimiento del inconsciente, no sólo se actualice, sino que de paso a nuevas exploraciones donde se arribe a complejidades mayores que el propio psicoanálisis, pero de una simpleza en sus términos que pueda ser acogido por todos, haciendo que ese saber sea representativo del presente. Porque no hay otra forma, cada época a moldeado un tipo de conocimiento y con ese conocimiento se ha edificado un tipo de ser humano. Hoy toca hacer el trabajo en dirección contraria. Del ser humano al conocimiento y del conocimiento a los conceptos y de los conceptos a las instituciones y de ahí de regreso al ser humano. La Inteligencia Artificial cumple en cierto modo este proceso y es por ello que resulta tan atractiva, sugerente y genera tanta aceptación entre la población y termina siendo usada incluso por aquellos que han pasado buena parte de sus vidas estudiando, porque saben que usarla simplifica y optimiza el tiempo.
Ver en su justa medida también esta condición propia de este tiempo histórico de transición es extender el marco interpretativo y apuntalar una variable más que torna más explicativo el desarrollo del debate sobre tecnologías, educación y sociedad.