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El fin del dólar barato: Bolivia ante su devaluación inevitable

La estabilidad cambiaria fue durante más de una década el emblema del modelo económico boliviano. Desde 2008, el tipo de cambio fijo de 6,96 bolivianos por dólar se convirtió en símbolo de certidumbre, un ancla que permitió controlar la inflación y proyectar una imagen de solidez frente a la región. Sin embargo, esa narrativa hoy se enfrenta a su límite: el mercado ya opera con un dólar 35% más caro que el oficial, las reservas internacionales se han debilitado y los analistas advierten que el país vive una devaluación de facto.

Inmediaciones

El economista Luis Fernando Romero Torrejón, en su análisis “Bolivia y el gran reto de una devaluación oficial”, sintetiza el dilema con crudeza: “En los hechos, la devaluación ya ocurrió. Lo que falta es que el Gobierno lo admita.” Sus palabras han encendido un debate que ya no se limita a los círculos técnicos, sino que se extiende a la política, la sociedad y los mercados.

El modelo que se agota

Durante años, el tipo de cambio fijo fue defendido como garantía de estabilidad. Pero las Reservas Internacionales Netas (RIN) han caído a 3.907 millones de dólares, de los cuales el 86% corresponde a oro y apenas 487 millones están disponibles en divisas líquidas. Con ese nivel de dólares líquidos, la defensa del esquema se vuelve cada vez más inviable.

El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, insiste en que el modelo sigue siendo válido. “Las observaciones del FMI se basan en datos desactualizados. La economía boliviana tiene particularidades que no pueden ser medidas con recetas externas”, declaró, reafirmando que el tipo de cambio fijo ha sido un pilar de estabilidad.

En contraste, el presidente del Banco Central de Bolivia, Iván Espinoza, reconoció públicamente que el esquema actual es insostenible. “El tipo de cambio fijo nos ha generado más problemas que soluciones. Vamos hacia un esquema flexible y real, que permita sincerar la economía y acabar con la distorsión que hoy existe entre el dólar oficial y el paralelo”, afirmó.

Tres tipos de dólar, una sola incertidumbre

El país convive con tres valores distintos:

  • Oficial: 6,96
  • Referencial BCB: 9,35
  • Paralelo: 9,51

La brecha cambiaria se siente en la vida cotidiana: en el surtidor, en la farmacia y en la mesa familiar. “Hablar de devaluación ya no es un tema técnico reservado para economistas. Es una realidad que golpea directamente el bolsillo de los bolivianos”, sostuvo la economista Sandra Arias.

Una devaluación oficial tendría efectos diferenciados:

  • Exportadores de soya y minerales ganarían competitividad.
  • Importadores de medicamentos, alimentos y combustibles sufrirían un fuerte encarecimiento.
  • Hidrocarburos y minería, pilares de la economía, podrían mejorar ingresos en dólares, pero la falta de inversión limita su capacidad de respuesta.
  • Comercio y servicios enfrentarían un aumento de costos que se trasladaría a los consumidores.

Comparaciones regionales

La situación boliviana recuerda a otros episodios en la región:

  • Argentina, con múltiples tipos de cambio y crisis inflacionarias.
  • Perú en los 90, que sinceró su tipo de cambio como parte de un ajuste estructural.
  • Brasil en 1999, que abandonó el esquema fijo y transitó hacia un régimen flotante.

Estos antecedentes muestran que la decisión de devaluar no es inédita, pero sí requiere acompañamiento político y social para evitar crisis mayores.

Los analistas plantean tres caminos:

  • Optimista: devaluación acompañada de bonos, ajustes salariales y subsidios focalizados.
  • Pesimista: ajuste abrupto sin respaldo, con inflación descontrolada y protestas sociales.
  • Intermedio: gradualismo, con ajustes parciales y control de expectativas, aunque con riesgo de prolongar la incertidumbre.

El debate sobre la devaluación golpea directamente la narrativa del Gobierno sobre “estabilidad económica”. Reconocer la necesidad de un ajuste podría ser interpretado como una ruptura con el modelo que sostuvo durante más de una década. El costo político es evidente: admitir la devaluación implica aceptar que el dólar barato ya no existe.

Romero sintetiza el dilema con una frase que resuena como advertencia: “El problema no es devaluar, sino cómo y cuándo hacerlo. Devaluar sin plan es crisis; devaluar con respaldo y protección es ajuste responsable.”

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