El gobierno nacional y los actores políticos están en la disyuntiva de tomar decisiones en un tiempo y espacio que, muchas veces, se presentan solo una vez, perdida la oportunidad los conflictos o las crisis se pueden agudizar o producir consecuencias incontrolables.
En un estado constitucional de derecho, la norma sustantiva y los procedimientos están escritos con el fin de ser activados cuando sea necesario. No todo esta legislado, los cambios que se producen en este siglo XXI, son de tal velocidad que pueden dejar rezagadas las regulaciones existentes, para eso esta un órgano legislativo que debe estar alerta, y los otros órganos, al igual que los ciudadanos, impulsar iniciativas destinadas a llenar los vacíos existentes o exigir el cumplimiento de la norma.
Uno de los signos de la crisis desatada en Bolivia es el grave proceso de desinstitucionalización que no está siendo resuelto con prontitud, dejando que las cosas transcurran y se resuelven por inercia, al margen del sentido común o de lo planificado.
Las respuestas laxas producen suspicacias que terminan en especulaciones que se disuelven en la confusión, o cuando las decisiones son apresuradas se tiende a favorecer o perjudicar a alguien al margen de la ley, profundizando de esta manera la desconfianza ciudadana en las instituciones estatales y agudizando la crisis heredada del pasado gobierno.
Se ha instalado en el imaginario del pueblo que con solo recurrir a las urnas para elegir a nuestras autoridades es más que suficiente para resolver los problemas y que la democracia funcionará adecuadamente.
No existe el conveciemiento de que el voto envilecido y la democracia electoralizada son parte de la crisis política que impide abrir una nueva era democrática en el país.
La democracia electoralizada impacta sobre la democracia representativa que, en lugar de cobrar mayor legitimidad es vista con desconfianza por la ciudadanía, porque alimenta la recuperación del neopopulismo autoritario.
La construcción de un sistema democrático tiene un antes, un durante y un después del sufragio, cargar las tintas en un solo acto cada cinco años, es una idea reduccionista, de este modo la ciudadanía debilita su derecho interpelador y la voluntad de participar activamente en la reconstrucción cotidiana. Reducir el protagonismo popular a los días que dura un proceso electoral, es castrar sus capacidades creativas y de compromiso, con resultados que se traduciran en una mala representación que no escucha a los representados.
El populismo autoritario en Bolivia, fue el que mejor percibió este fenómeno recurriendo a ese pedacito de la democracia liberal para implementar su proyecto de poder y provocar la crisis política, social, económica y moral. Su estrategia es inamovible empero sus tácticas son dúctiles, por ello no es extraño que militantes de las diferentes fracciones del masismo, sean parte de todas las listas electorales, no importa, porque luego se unirán con sus hermanos gracias a la insignificancia política de los otros elegidos que creen que podrán enfrentar las demandas en soledad.
La crisis del estado plurinacional no ha sido superada, en sus coletazos finales, sigue utilizando los procesos electorales para sobrevivir desportillando a la democracia con conductas alejadas de sus valores y principios, cuentan con la ventaja de que ningún actor electoral ni el propio gobierno, asumen la responsabilidad de conducir la apertura de la nueva era democrática. El miedo, la confusión, la comodidad, la flojera o sencillamente la falta de aptitud les impiden tomar al toro por las astas.
Una mayoría de los actores electorales ha optado por dejar hacer y dejar pasar, les da pavor hurgar el nido autoritario porque la reacción de sus residuos podría afectar sus coyunturales intereses, para muchos de ellos su máxima aspiración ya es una realidad tienen un curul, un ministerio, un cargo importante en el gobierno o son candidatos, en su ceguera voluntaria ignoran que la democracia es un proceso en permanente transformación, no es propiedad de ninguna élite o sector, su existencia esta destinada a lograr mejores condiciones de vida para todos.
Hemos vivido veinte años de una dictadura electoralizada que ha beneficiado solo a ciertos sectores en contra de la mayoría, se llegó a extremos inconcebibles que ahora reaparecen como si fuesen normales, sin pudor alguno los movimientos sociales reclaman para si la asignación directa de los recursos provenientes de empréstitos obtenidos del BID y de la CAF, como sucedió en el pasado
Esta es una muestra de las diferencias existentes en el manejo del estado plurinacional autoritario y del estado democrático, el primero manipulando el poder político a través de la prebenda, la corrupción y la discrecionalidad, en tanto que el segundo cumpliendo con la ley, planificando y manejando la cosa pública a través de instituciones y no de movimientos sociales. Es repudiable el temor que tienen algunos actores de marcar una linea divisoria entre el pasado y el presente, entre lo plurinacional y la república.
El papelón hecho por el vicepresidente al asistir a un homenaje a la fundación del estado plurinacional o la ausencia de Evo Morales en un acto parecido, es la muestra contundente de que la cosas deben cambiar a la brevedad posible.
La dictadura electoralizada no debe ser reemplazada por una democracia electoralizada, sino por una democracia plena que es mucho más que solo votar.