Maurizio Bagatin
Brindisi, 23 de marzo 1995, no es Virgilio que la envía, y sin embargo es una poesía que sabe a sal del mar Mediterráneo. “Capra y Meri” la envían junto a una foto hecha en Baja California…estuvimos ahí viendo el cruzar de las ballenas durante el invierno, un horizonte pálido y el sol que se oculta detrás de la placidez del mar de Cortez…ahí termina en el infinito, terminan las palabras, nos veremos luego de mucho tiempo en aquella comunidad de locos en Ravadese, Parma. Timbre postal de Brindisi, remitente en Parma. Las cartas son más anónimas de cuanto uno crea.
Sudtirol, 14 de octubre 1996, luego de un largo día de trabajo me escriben, una poesía de Pablo Neruda abre el camino a las palabras, al verbo que desea fijarse a la acción, escribe “Capra”. La carta emana el aroma de montaña de donde proviene, manzanas y heno, polenta y bosta, el mundo de los edelweiss, el bosque y la cerveza siempre en su lugar. Leo y veo “Meri” ordeñando la última vaca, huelo el queso que “Capra” va distribuyendo en las alcancías, listo para el mercado de mañana. Timbre postal de Chiari, provincia de Brescia, remitente en Ravadese, provincia de Parma. Un mundo en continuo movimiento.
Montecanepino, 1° de abril del 1997, la primavera ha explotado, y “en el cielo brilla el cometa”. Luca e Cristina se acuerdan de quien ha cruzado “el gran charco”, de quien ahora compite con las llamas a quien escupe mas lejos. Hay una foto bellísima adentro al sobre, en el horizonte Montelago, lugar mágico, yo y Luca caminamos mirando el extenso valle de trigo, a un lado el bosque, la natura aun inmaculada.
Treinta años y ya casi nadie recibe una carta, porque casi nadie ya las envía. Los sistemas de correo entrarán ya en una nuestra lectura arqueológica, no falta mucho, todo esto está a la puerta. Y ya no habrá carteros.