Sol
Ildiko Nassr – Argentina
Cierra los ojos para verlo. Siente cómo se entromete en su cuerpo y se apodera de él.
Novia
Armando Alanís – México
—Tú sí sabes morder —le dijo ella.
En la oscuridad, Drácula sonrió.
Amenaza
Rodolfo Lobo Molas – Argentina
¡Te voy a matar, te voy a matar! -me decía cada vez que yo hacía alguna travesura de grueso calibre. Y yo, rebelde y desafiante, corría riéndome de ella. La pobre, entonces, volvía sobre sus pasos mascullando su rabia. Hasta el día que escuché un ruido ensordecedor cerca de mi oreja, y ya no pude ver cómo la policía se llevaba esposada a mi abuelita.
Picotazos
Maya Chález – Colombia
Vi el gallinero y luego miré la calle. Nada cambia, solo cambia la víctima.
El sueño de Pedro R.
Laura Nicastro – Argentina
Pedro R. trabaja duro y ahorra mensualmente una suma de dinero que confía a una entidad financiera para concretar el sueño de la casa propia.
La entidad ha creado un fondo en el que deposita esos montos, más los de otros ahorristas. Para poder abonarles los intereses prometidos, la institución presta el capital a una fábrica de armas que vende sus productos a dos facciones adversarias en los arrabales del planeta. La demanda bélica es cada vez mayor. Con el tiempo mejoran los dividendos que cobran los ahorristas.
Pedro R. ignora este contexto. Cuando vuelve del trabajo, piensa en su sueño personal mientras se sienta a mirar en la pantalla del televisor los horrores de la guerra lejana.