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562 años de vida

Angélica Guzmán Reque

“Un pueblo sin el conocimiento de su historia pasada, origen y cultura es como un árbol sin raíces.” 
Marcus Garvey

Recordar, que aun al paso del tiempo, permanece vigente y no se disipa, más bien se renueva cada vez que, una generación, no solo recuerda, sino que siente, palpitar dentro de sí, el origen de su creación, tan importante como imprescindible,

Es una fecha que recuerda los lazos de identidad y pertenencia, ver flamear la verde, blanco, verde y entonar las notas del himno ayudan a fortalecer la identidad cultural, sentirse parte de una historia común y se valoran las raíces primigenias.

Sentirse parte de este territorio no solo es recordar la fecha, el glorioso nombre de su fundador, don Ñuflo de Chaves, tampoco los hechos que determinaron esa fundación, es mucho más. Ayuda a comprender el origen colonial de la región, esa mezcla cultural que supuso la llegada de gente extraña y se enfrentó a gente de tantos pueblos aborígenes que vivían entre la naturaleza, nada hostil, sino más bien pródiga, como eran los ríos, la naturaleza, los pájaros que volaban libres entre el mundo ecológico, que brindaba vida, savia alegre y bullanguera entre las voces de animales que paseaban y se alimentaban de productos que prometía, muy dadivoso, el mismo medio ambiente.

Cuál habría sido la sorpresa, para unos y otros, aborígenes y españoles, y el posterior mestizaje, seguramente muy difícil al principio y, que, posteriormente se produjo un intercambio de seres, aunque también de conflictos y cambios sociales y culturales. De aquella unión surgió una población nueva, con costumbres y manifestaciones de seres diferentes, como en la forma de vestir, en la alimentación, en las creencias y, en la misma organización social, que la civilización ha ido desarrollándose, hasta ver en nuestro diario vivir cambios que, de alguna manera dejan todavía vestigios que, la misma naturaleza del ser humano en su contacto con el mundo va desplegándose al ritmo que exige el desarrollo vertiginoso de las nuevas estructuras y la tecnología a que el momento nos arrastra, porque la personalidad de una sociedad no se trasmite como si fuera un rasgo genético fijo, sino que se construye con la historia, la cultura y le contexto de vida.

Una memoria histórica permite a las nuevas generaciones conocer cómo se formó la ciudad y cómo evolucionó con el tiempo, invita a reflexionar sobre la convivencia y la influencia de distintas culturas que contribuyeron al desarrollo de la ciudad actual. no sólo dentro del país, sino como parte del mundo. Esta fecha no solo marca su fundación histórica, sino lo que hoy representa la memoria cultural para todos sus habitantes, como son el conjunto de recuerdos, tradiciones, símbolos y valores que una sociedad conserva y trasmite de generación en generación.

Los rasgos característicos del cruceño como son la lengua y costumbres, el español o castellano con variantes de palabras de origen oriundo, la gastronomía típica y las tradiciones populares son el resultado de la mezcla cultural que comenzó en el siglo XVI, y que prosigue y, seguramente proseguirá hasta el fin de sus días.

La iglesia, plazas y símbolos urbanos todavía conservan la herencia colonial, mientras que los pueblos y los seres aborígenes todavía viven y festejan ritos y costumbres desde sus orígenes porque son emblemas que los identifica y, ellos no pueden desligarse de su apego y amor por el medio ambiente, porque consideran que, ellos son parte de la vida natural y ríos, vegetación, animales, es la parte intrínseca de su valoración de vida.

Han transcurrido más de cuatro siglos y la memoria sigue viva y permanecerá por siempre. Bien dice Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz 1986 “Sin memoria no existe la cultura. Sin memoria no existe la civilización, la sociedad ni el futuro” ¡Viva Santa Cruz!

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