Iván Jesús Castro Aruzamen

A Elena inspiración bellísima

Ya en 1986, Jean Francois-Lyotard, en La posmodernidad, decía: “hay que recordar que la ciencia y la industria no le llevan ventaja al arte y la literatura en lo que toca a las sospechas que inspira su relación con la realidad”. Por tanto, tampoco la ciencia ni la actual tecnociencia y su burocracia, le llevan ventaja a la poesía ni a los poetas. Pues, la ciencia solo tiene una verdad y es la propia de sus reglas, pero el arte (poesía) contiene muchas verdades y sospechas insospechadas acerca de la realidad. Aquí, de manera resumida, repaso el arte poético de tres poetisas cruceñas, cuya estética de un modo u otro es posmoderna, aunque sin dejar de ser moderna. Lucia Carvalho en Fiesta equivocada (2017), Marcia Mendieta Estenssoro en La casa que nos habita (2017) y Melissa Sauma en Luminiscencia ((2017).

El mismo filósofo francés, establecía la diferencia entre la estética moderna y posmoderna, aunque ambas tienen mucho en común y más de continuidad, que de ruptura: “la estética moderna es una estética de lo sublime, pero nostálgica. Es una estética que permite que lo impresentable sea alegado tan solo como contenido ausente, pero la forma continua ofreciendo al lector o al contemplador, merced a su consistencia reconocible, que es una combinación intrínseca de placer y pena”. En cambio la estética posmoderna “sería aquello que alega lo impresentable en lo moderno y en la presentación misma; aquello que se niega a la consolación de las formas bellas, al consenso de un gusto que permitiría experimentar en común la nostalgia de lo imposible; aquello que indaga por presentaciones nuevas, no para gozar de ellas sino para hacer sentir mejor que hay algo que es impresentable”. De ahí que el poeta posmoderno cuando escribe su obra no esté gobernado ni sometido a las reglas ya establecidas, sino que las mismas son exploradas o investigadas por el mismo texto. Para algunos autores, la narrativa del argentino Manuel Puig, sería la primera manifestación de una narrativa posmoderna en América Latina.

Lucía Carvalho y la fiesta del tiempo

Para Lu Carvalho, el recuerdo o el tiempo no es una nostalgia sino es eso, una fiesta presente: “Este recuerdo no quiere ser feliz/ se pasea sobre cuatro ruedas en un/ camino de losetas”. “Nos miramos/ y pensamos que si viviéramos aquí,/ haríamos fiestas de té todos los jueves después de las tres”. Por eso dirá la poetisa: “El tiempo que pasamos juntos no es mío ni tuyo”. “Hoy mis ojos son lo que queda/ De una fiesta equivocada”.

En Fiesta equivocada, lo impresentable y hasta lo impensable se hace presente en lo palpable, en lo evidente para mostrarnos que lo gozoso es lo presentable: “En otro momento, la limonada no sería/ tan agría y el mundo sería más pequeño,/ bailaríamos la misma canción al mismo/ ritmo sin contratiempos”. “Escuchemos música/ Tomemos gaseosa en bolsita/ Mientras separas las arvejas del arroz/ y las comes una por una”. Aunque esta estética posmoderna no deja de ser moderna, cuando la poeta recurre a una metáfora espléndida y sugerente: “Tengo un arroyo en el estómago/ caudales circulares/ peces de colores/ burbujas  que revientan a cada risa”.

Dos elementos importantes en la poesía posmoderna de Carvalho son el gusto y el miedo: “Me gusta la cama y su comodidad/ Me gusta perderme entre las sábanas y/ no usar almohada”. “Me gusta la televisión y su programación basura,/ perder el tiempo y tocar el violín”. Así, en Fiesta equivocada la manera de buscar lo impresentable o lo que Kant llama lo informe es una fiesta continua del ser en las cosas.

Marcia Mendieta Estenssoro y el habitar presente

En el genio femenino poético de Marcia Mendieta, el recuerdo y recuerdo femenino, al igual que en Proust, es una conciencia que busca el tiempo para hacerlo continuamente presente: “Los recuerdos que revivo/ los he salvado de esa casa/ de pasadizos tramposos”. “Las mujeres de mi casa se creen inmortales/ porque han descubierto/ la receta para ser livianas”. Pero también es una conciencia que valora lo dialógico del conocimiento: “Ella conoce mi casa/ yo conozco la suya”.

La realidad es aquello que sucede en el tiempo y no lo que no es perceptible: “El automóvil se desplaza en el puente/ y, veloz,/ arremete contra el asfalto”. “Se escucha/ el timbre de los teléfonos/ y las conversaciones ajenas/ que han sido separadas por ondas”. En ese sentido, la voz poética contempla desde la conciencia, la perfección del caos: “Desde este rincón contemplo/ pequeños destellos del caos perfecto”.

El miedo o la inmensidad o el misterio, no son realidades a las que el ser humano puede acceder, por tanto la imposibilidad instaura la pena y la nostalgia en su espíritu inmanente. Pues en Mendieta Estenssoro estas se actualizan constantemente en la palabra: “Antes de que empiece el verano/ hubo un día en que tuve miedo/ del cielo y la niebla,/ de los gritos ahogados”. “Pero cuando quiero descubrir lo inmenso/ levanto el rostro/ para sentir el viento corriendo/ y dudo/ Dudo de lo eterno”. “Alguna vez he querido descubrir el Misterio/ […] Y aun así,/ desde mis pocas certezas,/ no he descubierto el Misterio,/ apenas he atisbado por una rendija”. Y esa rendija es la poesía y no la ciencia.

Melissa Sauma y la luminiscencia de lo real

La sensibilidad poética de Melissa Sauma, contempla el acontecer de las cosas y los seres, sin que la pena asome en sus ojos: “Hoy llueve/ el frío es una filigrana que tamiza mis huesos”. “A través de rejillas de metal/ y de cristales sombreados por telarañas/ miro la calle”. “A veces hace frío y noche y la ciudad se deshabita/ el silencio es de espuma y la humedad sobrevive/ al temblor de las hojas”.

El cuerpo para Sauma, experimenta la luminiscencia de lo real, porque no tenemos otra posibilidad. O lo que Eugenio Trías llamaba el “cerco del aparecer”: “Al despertar el peso del cuerpo sobre el cuerpo/ […] otra vez el cuerpo/ el reconocimiento del cuerpo como parte del caos”. “Descalza,/ con un pie en la tierra/ y otro en el agua/ caminé río abajo/ sintiendo bajo las plantas/ la arena húmeda/ el agua fría/ la piedra que el sol calentó,/ la hierba tibia”.

El poeta posmoderno no le teme a lo inconmensurable o las ausencias impresentables, sino solo al brillar de las cosas: “No temo las ausencias/ al silencio/ no a la noche”. “Sabemos/ que nada existe en realidad/ más que la luz/ que todo cuanto conocemos/ es lo que su ausencia oculta/ o su presencia/ manifiesta”.

Finalmente, creo que la estética posmoderna de la nueva poesía cruceña, sobre todo en las tres autoras comentadas, está repleta de imágenes cotidianas, donde no existe lugar para la nostalgia de lo impresentable o inalcanzable como ocurría en la estética moderna. Ese “cerco hermético” (Eugenio Trías) que causa la pena y la nostalgia en el hombre moderno. Más por eso, esta nueva poesía cruceña, no ha dejado de ser moderna, sino que su posmodernidad la precede. Concluyo este corto recorrido por la obra de las tres autoras con palabras del filósofo francés de la posmodernidad, Jean-Francois Lyotard: “Posmoderno será comprender según la paradoja del futuro (post) anterior (modo).