Por Víctor Gómez (machbel)

Segundo post en el blog y ya me atrevo a matar cosas. Y no es una cosa cualquiera, es la bendita regla de los tercios, la base misma de cualquier fotografía bien compuesta, el culmen compositivo de cualquiera al que le guste hacer fotos. O eso nos han hecho creer.

Lo admito, yo también tuve mi romance con la regla de los tercios

Cuando estaba estudiando fotografía y me la presentaron, vi en ella la solución a todos mis males, a mis indecisiones encuadrando. Tu pon lo que quieras destacar en uno de estos cuatro puntos, y listo, me decían. Fotón al canto. Así de sencillo, así de mágico.

Tenía que haber desconfiado en ese momento. Las cosas nunca son tan sencillas.

Pero me decían que la regla de los tercios estaba respaldada por la proporción áurea, la que usaban los griegos en su arquitectura perfectamente compuesta, y uno se fía de las cosas que hacían estos tipos, muy listos ellos, no como tú, simple aprendiz de fotógrafo al que le cuesta saber que número f tienes que poner en la cámara.

¡Como para liarme también con la composición!

Eso suena muy complicado, mejor copiar lo que me dicen que está bien y no complicarse más. Total, ¿para qué perder el tiempo pensando cuando puedes copiar?

Pensaba que si la cámara puede exponer correctamente, enfocar y hace mil historias más muy complicadas, eso de encuadrar no podía ser para tanto.

Así que seguí a rajatabla las dichosas líneas en los tercios y los puntos mágicos de intersección, cual mandamiento fotográfico inamovible.

Pero algo no funcionaba

Todas las fotos me parecían iguales. Estáticas, aburridas.

Veía fotos de autores prestigiosos y me gustaban las que marcaban las diagonales de la imagen, las que no tenían nada importante en los “puntos mágicos”, las que a primera vista no cumplían ninguna línea de la dichosa regla, y las que, oh sacrilegio, ¡centraban el motivo justo en el medio!

Será que eso es lo que llaman romper las reglas.

Entonces, si es tan maravillosa la regla de los tercios, ¿por qué se rompe? Las reglas están para seguirlas, por tu bien, no para andar rompiéndolas a diestro y siniestro.

Así que me puse a estudiar composición para llegar al fondo del misterio, ya que ésta es la única forma que conozco de entender algo: conocer muy bien el tema para encontrar la explicación a por qué las cosas se hacen así.

Lo que aprendí fue que la mal llamada regla de los tercios no es ninguna regla ni fórmula maravillosa, tan sólo es una de tantas proporciones agradables a nuestro modo de ver. Al igual que lo es la simetría (50/50), la proporción áurea, la simetría dinámica, la proporción cordobesa, la proporción de pareto, etc…

Una proporción es una relación matemática que cumple ciertas características buscadas por el creador

Por ejemplo, en la proporción áurea, el todo es el conjunto de sus partes, ni más ni menos, exacto (A+B+C = total), creando una sensación de estabilidad y buen hacer que tanto gustaba a los griegos.

Perfecto, todo cuadra. Por eso el Partenón de Grecia encaja perfectamente, nuestras hojas de papel encajan perfectamente, y los edificios bien diseñados tienen un aspecto agradable, de que todo está en su sitio.

Hay veces (muchas) en que queremos buscar un equilibrio, pero parece que en fotografía sólo podemos usar los tercios, con todas las opciones que hay a nuestro alcance. Así a ojo de buen cubero, más o menos hay infinitas. Proporción arriba, proporción abajo.

Los problemas llegan cuando igual no queremos que todo esté estable y en su sitio, o cuando pensamos que “el todo es mayor que la suma de sus partes” (la base del movimiento de la Gestalt).

Entonces, ¿dónde se queda la proporción áurea, que decía que la suma de sus partes hacen el todo?

Pues ahí es donde entramos nosotros como fotógrafos, como creadores, y tenemos que decidir qué queremos contar con nuestras fotografías y cómo queremos contarlo. Esto requiere mucho estudio, mucha práctica, pero sobre todo, pensar cuál es el mensaje.

¿Queremos que todo encaje? Perfecto, usamos una proporción estable, que nos facilite que nuestro mensaje se entienda y la usamos.

¿Que buscamos crear otra sensación? Pues entonces tenemos que saber que proporciones hay, ver cuál nos interesa, y aplicarla para que nuestro mensaje sea fácil de entender, tanto por los que saben de fotografía como por los que no (esto no se hace en una tarde.

Para demostrar que no se me ha ido la pinza por la tangente (¿será otra proporción? ;), voy a demostrarlo sobreponiendo la maldita “regla de los tercios” en fotografías irrefutablemente buenas y actuales.

Las 12 últimas ganadoras de los World Press Photo son fotografías que cumplen estos requisitos, así que vamos a comprobar cuánto se ajustan a esta mal llamada “regla de los tercios”:

Sobrecogedora fotografía donde lo más importante está justo en el centro. El señor está en uno de los tercios, pero la fotografía funciona por el motivo centrarl.

Una escena muy pictórica donde no hay nada en los “puntos mágicos” y tan sólo el ojo del chico de arriba está en el eje inferior. Según la “regla de los tercios” es una fotografía mal compuesta.

Buscando cobertura desesperadamente, también buscamos que algo encaje con nuestras líneas maravillosas. Apenas un brazo y un par de pantallas de móvil están en su sitio, habiendo muchos otros elementos muy importantes alejados de estos puntos, pero que sí siguen las líneas en los tercios.

Una escena dividida en tres planos basándose en las líneas de los tercios, usados como guía para esta separación de sufrimientos, pero donde una vez más lo importante son los ejes, no los puntos de intersección.

Según la “regla de los tercios”, lo más importante en esta fotografía es la oreja del chico. Para mí, lo importante es cómo se abrazan y las manos de la mujer. Otra vez, la imagen se apoya en uno de los ejes del tercio pero no sigue los puntos de intersección.

Retrato devastador de prácticas inhumanas que siguen ocurriendo en el mundo. El velo sigue la línea del tercio izquierdo, pero lo importante de la fotografía, que es la mujer y su rostro, no están en ningún “punto mágico”, si no más bien en el centro siguiendo una línea del tercio.

De nuevo, lo importante vuelve a estar en el centro, siendo las líneas y los “puntos mágicos” sitios sin interés ninguno.

  

¡Otra fotografía mal compuesta! (según la regla de los tercios). Aquí lo importante es el policía en esa casa hecha un desastre, y de nuevo, apenas se ajusta a las líneas ni a los “puntos mágicos”.

Yo ya estoy un poco como este pobre soldado, mareado de que nada se ajuste a las líneas ni a los puntos mágicos y los puntos de interés estén alejados de ellos. ¿Qué me pasa, doctor?

Nada encaja y todo está en su sitio, compositivamente hablando. No se a ti, pero a mí esta fotografía me parece que está perfecta así, sin acercarse a ningún punto mágico y siguiendo las líneas de los tercios sólo en algunas partes.

 

 

 

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