¡El pueblo me pide!

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Realmente fue patético ver al presidente Evo Morales, en una entrevista para la televisión francesa repetir muchas veces “yo no quiero, el pueblo me pide”. Ante las preguntas incomodas del entrevistador, el ofuscado entrevistado solo atinaba a decir “el pueblo me pide”. Ni el Chavo del Ocho hubiera podido hacerlo mejor con su famoso “fue sin querer queriendo”.

Da vergüenza ver a nuestro presidente hacer ese ridículo internacional. La pobreza intelectual y argumentativa era tan evidente que, incluso cuando se lo comparo con los dictadorcillos africanos, solo repetía la famosa frasecilla. ¡Oh sorpresa! Los “democráticos dictadores” africanos dicen lo mismo, con razón le pidió consejos a su amigo Obiang para ganar elecciones con el 90% de los votos.

Evo Morales paso de moda, ya no es el simpático y exótico indígena que despertaba simpatía y conmiseración en los poderosos del primer mundo. Ya resulta un personaje antipático, con sus aires de redentor y sus indigeribles moralinas no convence a nadie. “Acciones quitan pasiones y matan las ilusiones”, dice la letra de una famosa cueca. Alguien debería cantársela, a ver si así entiende.

¡El pueblo! Esa magníficaabstracción. Yo quisiera que alguien me explique porque, la minoría en este caso, es más pueblo que la mayoría. Que me diga porque unos cuantos son pueblo y muchos no lo son. Quizás deberíamos aclarar los términos, los que aclaman al caudillo son multitud, no pueblo. Una masa amorfa sin conciencia colectiva, pero si con intereses corporativos que en muchos casos se contraponen, grupos de poder movidos por la prebenda y el clientelismo.

El acto de masas convocado por el MAS para el próximo sábado 16 de diciembre, seguramente reunirá una gran multitud. Para nadie es un secreto que cuando se tiene todo el aparato del estado a disposición y grandes cantidades de dinero, no es muy difícil movilizar mucha gente. La mayoría asistirá obligada, los empleados públicos por cuidar la pega, muy comprensible, por cierto, los campesinos y otros gremios arreados por su dirigencia, bajo amenaza de multas y otros castigos.

Por lo tanto, no es un buen barómetro para medir la legitimidad, popularidad o aceptación del caudillo en su pretensión de eternizarse en el poder. El pueblo ya se manifestó en las urnas y le dijo ¡NO!, y lo volverá a hacer las veces que sea necesario. Cuando mucho servirá para darle un poco de aire al desinflado balón de la repostulacion. Para que el sátrapa siga soñando con que el pueblo lo ama y se lo pide.

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